11 de octubre de 2015
11.10.2015

Reconquista empresarial

11.10.2015 | 00:10

Al mundo empresarial le corresponde recomponer su trayectoria. Los empresarios que se ven son endogámicos y a fuerza de hablar solo entre ellos acaban creyendo que las cosas pasan como les interesa. El sistema productivo no funciona y es incapaz de generar suficientes puestos de trabajo para remontar. Hay notables diferencias entre las empresas que mandan y los pequeños empresarios, que son mayoría. Siguen pendientes las reivindicaciones de los empresarios de comarcas frente a los que se encuentran ubicados en organizaciones y en las capitales. Entre las grandes superficies y el pequeño comercio. El rasgo colectivo de las entidades económico-empresariales ha sido su alineamiento con el poder establecido, sin ser núcleo decisivo en sí mismas. Debilidad y sumisión. La confirmación de esta trayectoria se comprobó, a partir de noviembre de 1995, con la ascensión a la presidencia autonómica de Eduardo Zaplana y el paso de Carlos Fabra, ahora en prisión, de la secretaría de la Cámara de Comercio a presidir la Diputación y el PP en Castelló.

La situación actual difiere de lo que ocurría cuando se fundó la Confederación Empresarial Valenciana (1977) bajo la presidencia de Vicente Iborra Martínez y con el aglutinamiento formal de CEV, Coepa (1978) y CEC (1979) „las tres patronales provinciales„ en la Confederación Interprovincial de Empresarios de la Región Valenciana (Cierval) en mayo de 1981. Se sabe cuál fue el final de Vicente Iborra como líder empresarial en noviembre de 1985 „hasta entonces indiscutible„ aunque nunca se supo a quién molestaba tanto como para mover los hilos que le llevaron su procesamiento por el caso SAVE. La denuncia anónima no se la creyó ni Emilio Attard.

El mundo empresarial valenciano, de estructura orgánica y piramidal, se encuentra en situación delicada y con antecedentes no exentos de sombras organizativas, económicas y de gestión. El claroscuro de los escándalos derivados de la articulación de los cursos de formación ya acabó en el quinquenio tenebroso de Luis Espinosa (1992-1997) con su salida. Quedó al descubierto que la contabilidad y la tesorería de la CEV residían en el bolsillo del dimisionario, que a continuación fue premiado por el PP con la dirección del Consejo de Cámaras de Comercio de la Comunitat Valenciana y poco después con la presidencia de la Agencia Española de Cooperación Internacional, dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores. La salida previa de José María Jiménez de Laiglesia „quien reconocía que no se enteraba de lo que pasaba en su casa„ de la presidencia de CEV (1997) fue bochornosa.

El premio Nobel Paul Krugman ha recordado recientemente que «todos los empresarios no son demonios, pero hay algunos que no son ángeles». Se refería al escándalo del fraude colosal de la empresa alemana Volkswagen con repercusión mundial. Podríamos añadir el caso de Díaz Ferrán, expresidente de CEOE, condenado a cinco años de prisión. La conclusión de Krugman es la necesidad de regular el funcionamiento de las empresas «allí donde haya motivos fundados para creer que las empresas podrían actuar de un modo destructivo».
Los empresarios, además de estar sujetos al respeto de la ley, tienen la obligación de ser estrictos defensores de su ejemplaridad. Sus congéneres han de obligarles a abandonar sus puestos al menor indicio de comportamientos social y éticamente reprobables. En la Comunitat Valenciana se han visto conductas condenables en connivencia con entes políticos en Feria Valencia, Sociedad de Garantía Recíproca, Bancaja, Banco de Valencia, Caja de Ahorros del Mediterráneo, las propias patronales, varios institutos tecnológicos, Autoridad Portuaria de Valencia, sanidad pública de gestión privada, Ciegsa, Imelsa, Vaersa, Emarsa o Palau de les Arts, entre otros. No es aceptable que este conglomerado de acciones, con trascendencia pública, siga rigiéndose por los mismos gestores y mediante procedimientos que son ineficientes, abusivos y perjudiciales para los intereses de los ciudadanos.

En la Comunitat Valenciana crece una crisis institucional, hacia dentro, de las administraciones públicas por las distintas facciones celosas en el ejercicio de poder. Otra hacia fuera, porque los ciudadanos comienzan a inquietarse ante la falta de decisión política para poner orden en las entidades que tienen vinculaciones y dependencias de recursos públicos.

Desde su creación, las entidades empresariales han sido proclives a la tentación política, cuyas derivaciones son perjudiciales para su credibilidad e independencia. Las organizaciones empresariales o son libres o carecen de razón de ser. Si los políticos son inteligentes tratarán de dialogar con ellas, pero sin inmiscuirse y mucho menos involucrarse en su funcionamiento. Si los empresarios son sensatos nunca se vincularán a intereses políticos y mucho menos partidistas. Alegatos como el del activista agrario Vicent Martí, por cuenta de Mónica Oltra, además de un aldabonazo, puede que no sea una excepción, sino la alerta de que no se ha ido por buen camino y que conviene rectificar.

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