16 de octubre de 2015
16.10.2015

Las reglas del juego para el 20D

16.10.2015 | 04:15

Si usted es una de esas personas que no vota al PP o al PSOE, quizás sospecha que en las elecciones generales del 20 de diciembre su voto no valdrá igual que otros. Ya le adelanto que tiene razón, su voto vale menos. Además, si vota en una provincia pequeña „como yo en Castelló„ quizás su voto no vale nada. Porque en las provincias pequeñas, hasta ahora, ha sido prácticamente imposible que partidos distintos al PP o al PSOE saquen algún escaño. El sistema se lo pone difícil a terceros partidos y a las personas que nos hemos tenido que plantear alguna vez si votar lo que nos gustaría o, pinza en la nariz, intentar un voto más útil.

¿Por qué? Pues porque los partidos que ganan las primeras posiciones en la batalla electoral tienen diputados extra. En la mayoría de las provincias, pequeñas y con pocos escaños para repartir, se los han llevado todos los mismos. Si esto lo multiplica usted por las 52 circunscripciones electorales, la ventaja total conseguida es grande para los grandes. Así, en 2011, un escaño del PP o PSOE costó de media unos 60.000 votos, mientras que uno de UPyD, 228.000. En nuestra tierra, Andrea Fabra fue diputada por Castellón con apenas 52.000 votos, a Joan Baldoví su escaño le costó 85.700 votos en Valencia y los más de 100.000 votos de quienes eligieron a EUPV y UPyD en Alicante fueron, directamente, a la basura. No parece muy proporcional.

Nuestro sistema electoral fue diseñado por las Cortes franquistas en el 76 con el objetivo de definir quiénes iban a redactar la constitución, facilitar que uno o dos partidos se hiciesen fuertes y diseñar un Senado inútil, como cámara de retiro dorado, poco molesto y sin poder para los dirigentes franquistas. Estas reglas han permitido formar gobiernos estables con mayorías holgadas, han consolidado la alternancia y además la representación en el Congreso de las sensibilidades territoriales. Aquellos objetivos se han cumplido sobradamente y así hemos consolidado un sistema de 52 elecciones que favorece el bipartidismo y castiga a terceras fuerzas y también a sus electores.

Ya que no estamos a tiempo de cambiar la ley para el 20 de diciembre, es lógico pensar que los perjudicados por las reglas intentarán encontrar alternativas para formar grandes mayorías. Nuestra historia electoral ha demostrado que sumar siglas de partidos similares no mejora significativamente el resultado electoral. Pero surgen estrategias como la de Artur Mas, donde se articulan mayorías que aportan votantes de distintos segmentos para armar una fuerza electoral más potente y con más posibilidades de ganar partiendo como líder. Un acuerdo para sumar a los votantes de Compromís y Podemos en la Comunitat Valenciana, podría ofrecer un proyecto nuevo que les convierta en alternativa de cambio y con posibilidades de ser primera fuerza electoral. El reto es seducir al distinto y acordar puntos en común para sumar votantes de fuera de su espectro habitual, ganando la mano a las reglas o sorteando sus penalizaciones.

El 20D tendremos 52 elecciones en el Estado, donde las reglas del juego que marca la ley electoral harán que el voto de millones de personas valga menos. Esos ciudadanos y los partidos que les representan van a exigir, a quien quiera formar gobierno, que se revisen las reglas del juego. Desde la sociedad civil, organizaciones como +Democracia hemos abierto el debate y reclamamos un sistema más proporcional, más cercano y donde todos los votos valgan igual. Un sistema electoral donde nos sintamos cómodos para devolver a la política la legitimidad que necesita para encontrar las soluciones a los problemas reales de la gente.

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