18 de octubre de 2015
18.10.2015

Triste herencia

18.10.2015 | 04:15

Uno de los fracasos urbanísticos más rotundos de Rita Barberá en sus 24 años de mandato ha sido su incapacidad para gestionar la conclusión del Parque Central. Esto, a pesar de sus variados intentos fallidos sin mayor resultado que el despilfarro de varios millones de euros en estudios, proyectos y concursos que no han servido absolutamente para nada tangible. Cierto que su ejecución dependía, al parecer, exclusivamente del enterramiento de las vías y la construcción de una nueva estación. Otras ciudades del país, mayores y menores a la nuestra, se nos han adelantado durante todo este tiempo y han conseguido con soterramientos y otras remodelaciones de la red ferroviaria, objetivos parecidos (desaparición de barreras entre barrios, parques, equipamientos, paseos o avenidas, conectividad entre modos de transporte, etcétera) a los que aquí parecen ser una quimera.

Pero este fracaso político no es nuevo. La ciudad lleva aguardando una solución desde hace muchos, muchísimos años, tantos que es inevitable el sentimiento de agravio a la vista de las circunstancias actuales. Desde 1912, a raíz de un gravísimo accidente ferroviario ocurrido en el paso a nivel de la actual Avenida del Puerto, la supresión de los múltiples pasos a nivel que rodeaban la ciudad pasa a ser un problema de Estado. Diversos intentos municipales infructuosos van retrasando una solución satisfactoria para todas las partes implicadas.
Tras casi 28 años de gestión „24 de mandato del PP„ e interminables negociaciones, y dejando pasar el boom inmobiliario, la Corporación cesante tras las elecciones ha estado a punto de consolidar los peores objetivos del Plan del 66: edificabilidad brutal en el perímetro del parque y en el propio parque, un centro comercial desproporcionado y en competencia con el centro comercial histórico que le rodea, y una autovía encubierta bajo la máscara de avenida.

Y ahora... ¡se ha acabado el dinero! y volvemos a la casilla de salida. ¿Qué hacer?
Primer postulado: el enterramiento de la estación es un objetivo funcional metropolitano irrenunciable. Debe ejecutarse ya, sin más dilación. Como ha apuntado alguno de los organismos implicados, debería construirse en un solo nivel enterrado y compartiendo un único espacio con andenes contiguos para cercanías, regionales y larga distancia, como en Córdoba o Castelló. Su ubicación entre los terrenos actuales de Renfe y la calle de Castelló, bajo la Gran Vía de Germanías, permitiría generar un nuevo acceso de viajeros por esta última calle mediante un pasillo rodante hasta el vestíbulo de la Estación del Norte. Constituiría un desplazamiento funcional de 200 metros de su lugar actual, asumible sin perder su centralidad incuestionable. El edificio de Demetrio Ribes pasaría a ser estación de autobuses, centralizando en él la coordinación entre modos de transporte como ferrocarril, metro-tranvía y autobuses interurbanos.

Segundo postulado: dado el anterior, imprescindible para la construcción de un Parque Central razonablemente extenso „esto es, coherente con la superficie prevista para él en el Plan General„ y puesto que no necesitamos una estación megalómana asociada a otro centro comercial más, como los proyectados hasta ahora, se debería eliminar la edificabilidad prevista dentro del propio parque y revisar a la baja la edificabilidad de su entorno.

Tercer postulado: debería revisarse el actual proyecto de ajardinamiento ganador del concurso. Presenta carencias imperdonables respecto de la memoria del lugar. El ferrocarril constituye una infraestructura asociada a la revolución industrial, que ha servido para hacer más accesible nuestro territorio y con él, nuestras ciudades. Ha redibujado el paisaje y ha determinado hasta hace bien poco la localización de asentamientos industriales, constituyendo una buena parte de nuestra historia urbana, y por tanto de nuestro patrimonio.

Si se incumplen los tres anteriores, tengo otros, como diría Groucho Marx. El más atractivo para mí es la solución coyuntural que apuntaba desde esta misma sección mi colega J. Mª Sancho. Con el trapecio liberado del aparcamiento del AVE y el triángulo de Ruzafa, «reconfiguremos una entidad espacial convergente que dé continuidad/conectividad al perímetro urbano de los dos lados: una topografía, una nueva colina escalonada en el centro de esta ciudad plana, mediante los recursos estéticos y plásticos del land art y las ayudas tecnológicas y mecánicas actualmente disponibles». Ejemplos locales de ello no nos faltan. Piensen si no en els calvaris de nuestros pueblos, capaces de transformar un itinerario procesional en un hito paisajístico de primer orden.

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