22 de octubre de 2015
22.10.2015
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La batalla por el centro

22.10.2015 | 04:15

Las espadas de los partidos políticos están en alto, los límites existentes entre precampañas y campañas electorales se han difuminado y, además, la frecuencia de elecciones en determinados períodos determina que estemos en una permanente campaña electoral. De manera que diríamos que en esta etapa de la campaña electoral, que comenzó hace cerca de un año, los partidos políticos no se deciden a entrar a debatir los temas sustanciales que afectan a los españoles. Esto ha sucedido en las tres elecciones que ya han tenido lugar en 2015 (autonómicas, locales y catalanas), y podría volver a suceder en las elecciones generales del próximo diciembre.

Los ciudadanos españoles no somos tomados en serio, los partidos políticos no nos dicen lo que se proponen hacer para afrontar nuestros principales problemas: el paro, en particular el de los jóvenes; la gestión de los servicios públicos esenciales (en particular la educación y la sanidad); la sostenibilidad de las pensiones; las medidas que van a adoptar para que nuestra economía se asiente en pilares más sólidos que los actuales. Ningún partido político habla de la necesaria reforma fiscal€ y así podríamos seguir refiriéndonos a numerosos asuntos de gran interés para la vida cotidiana de los españoles de los que no tenemos noticia.

La posible reforma de la Constitución a la que prestan una considerable atención algunos partidos políticos pudiera ser una nueva cortina de humo que les puede permitir, una vez más, no mojarse en todo lo que se refiere al bienestar de los ciudadanos.

Los expertos dirán que en las campañas electorales no es posible ocuparse de dichos temas. La responsabilidad la tendrían los medios audiovisuales que han conseguido modelar el discurso de los políticos obligándoles a lanzar a los ciudadanos mensajes muy breves y contundentes, de no más de 20 segundos, si quieren aparecer en los programas informativos de radio y televisión, o si no quieren que se les prive de la palabra en los programas audiovisuales de debates. Los medios audiovisuales no van a poner fácil que consigamos saber cómo se proponen gobernar los que se postulan para ello.

De lo que no tienen duda los partidos políticos que aspiran a gobernar es de que la batalla electoral más importante, la que les permitirá gobernar, es la que tiene lugar en el centro del arco electoral. El Partido Popular, el partido socialista y Ciudadanos compiten por el centro a sabiendas de que quien lo conquiste conseguirá gobernar. Y para conquistar el centro deberán convencer a los españoles de que son capaces de gobernar con moderación, con eficacia y con sentido de Estado, y para ello deberán afrontar los temas a que antes nos hemos referido. Podemos, entre otros handicaps, se ha dado cuenta demasiado tarde de que situándose a la izquierda del PSOE y aliándose con partidos extremistas o marginales estaba condenado a la marginalidad. Su tiempo ha pasado, al menos por el momento, y ya no se encuentra en condiciones de disputar el centro a los partidos políticos antes citados.

Aunque Ciudadanos no consiga convertirse en la primera fuerza política, como pretende, es muy probable que se convierta en el árbitro que decidirá si gobierna en el Estado el PP o el PSOE; así lo señalan las encuestas. Las elecciones locales y autonómicas han servido para demostrar que Ciudadanos se ha situado firmemente en el centro, exhibiendo moderación y sentido de la gobernabilidad, así como que es el único partido político capaz de llegar a acuerdos de gobierno con el PSOE y el PP. No parece probable que el PSOE o el PP obtengan la mayoría absoluta en las elecciones generales, o una mayoría suficiente para gobernar (que estaría en torno a 155 escaños) por lo que, teniendo en cuenta que estos partidos no parecen capaces de formar un gobierno de coalición, al modo de Alemania, ni en las situaciones más dramáticas para España, estarán en manos de lo que decida Ciudadanos.
Mucho más improbable es que el PSOE pueda suscribir acuerdos con Podemos (o con otros partidos de la izquierda radical), pese a que se han apoyado en los niveles autonómicos y locales. Pero, aun en el caso de que el PSOE diera un giro en su cultura de pactos, parece muy improbable que entre ambos partidos puedan sumar escaños suficientes para gobernar.
¿Cómo hemos llegado a esta situación, en que dos partidos políticos emergentes han conmocionado un panorama político que parecía estable? Parece que la mayoría de los analistas lo atribuyen a dos causas principales. Por una parte, la corrupción que ha penetrado en todos los partidos políticos que han gobernado en España, y en particular en el PP y en el PSOE. Y, además, que tanto uno como otro se olvidaron de los más desfavorecidos en la gran crisis, por lo que puede decirse que son los padres putativos de Podemos, Ciudadanos y de una serie de agrupaciones y movimientos ciudadanos.
El Partido Popular no entendió que sus políticas llevaron en torno a dos millones de familias, situadas antes de la crisis entre las clases medias, a los límites de la marginalidad. El olvido de las clases medias no ha sido privativa del PP, el PSOE también pagó dicho olvido con una derrota electoral en 2011. Y tampoco debe olvidarse que el Gobierno de Rodríguez Zapatero adoptó medidas populistas similares a las que ahora propone el PP, entre otras las dirigidas a los funcionarios. ¿Acaso se ha olvidado la devolución de 400 euros a todos los contribuyentes, fuera cual fuera su nivel de renta? Dicha medida, que fue electoralista, era injusta y dudosamente acorde a la Constitución, que establece el principio de progresividad de los impuestos, que debiera haber impedido que un contribuyente con unos ingresos de 15.000 euros anuales recibiera, como sucedió, la misma devolución que un banquero con ingresos de varios millones de euros al año.
El próximo Gobierno tendrá que convencer a las instituciones europeas e internacionales de que nuestro desarrollo sostenible exige una considerable inversión en sectores industriales y tecnológicos. Las instituciones europeas e internacionales están muy satisfechas con el manejo por el Estado de las cuentas públicas (al margen de las discrepancias surgidas con motivo de los presupuestos generales para 2016), pero los españoles no deberíamos aceptar que España siga soportando un paro que duplica la media de la Unión Europea y un descenso galopante de los sectores industrial y tecnológico. El proyecto de la Comisión Europea de movilizar 300.000 millones de euros para llevar a cabo una política de inversiones, abandonada por la Unión Europea durante la crisis, debe ser un objetivo principal del Gobierno que salga de las urnas en las próximas elecciones generales. Y, más allá, deberá volcarse en atraer inversiones extranjeras a un país, España, que está preparado para dar un salto considerable en su posición en Europa y en el mundo. No nos cansaremos de decirlo: hemos alcanzado uno de los mayores niveles del mundo en infraestructuras, en niveles educativos, en servicios públicos y privados y en ambición. Falta que nuestros gobernantes despierten del letargo en que parecen encontrarse y lideren el cambio que necesitamos.

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