27 de octubre de 2015
27.10.2015

Rajoy y el clima

27.10.2015 | 04:15

El presidente del gobierno Mariano Rajoy es habitual en cuanto a frases "célebres", de esas que dejan impacto en la sociedad y por las que es abucheado, ridiculizado y alabado, según las distintas ópticas. Yo sólo me voy a dedicar aquí a dos afirmaciones de Mariano Rajoy que tienen que ver con el clima. Una es muy antigua, aunque le es recordada ahora ante la proximidad de la Cumbre de París. La otra tiene unas pocas semanas. Cuando se le invitó a que diera su opinión sobre el cambio climático global, recordemos esa famosa afirmación que decía más o menos así: «Tengo un primo, que es un físico reputado y que ha sido incapaz de decirme el tiempo que iba a hacer en Sevilla en los próximos días, ¿cómo voy a creerme las predicciones sobre la evolución del clima en los próximos 50 ó 100 años?». Las críticas le llovieron porque dudar de esta teoría no está bien visto, y ni siquiera un político conservador se lo puede permitir, porque también le quita votos en su espectro político. Realmente Mariano Rajoy confundió tiempo y clima, meteorología y climatología, previsión del tiempo concreto a corto plazo y señalar unas tendencias genéricas del clima a medio y largo plazo, y eso es un error. No obstante, probablemente sin querer, tenía razón en una cosa: se pueden hacer afirmaciones sobre los cambios climáticos en el pasado y en el presente, siempre que haya datos o metadatos, pero nadie, absolutamente nadie, sabe cuál será la evolución del clima dentro de 50 ó 100 años, sólo hace modelizaciones matemáticas, que dependen de las variables que pongamos en el punto de partida y en su evolución, y que no son en absoluto fiables. Del mismo modo, hace poco, Mariano Rajoy afirmó que «no se sabe muy bien por qué acaba lloviendo». Una vez más, recibió críticas irónicas porque, claro, todos conocemos el ciclo del agua, todos sabemos que la evaporación genera nubes y que las mismas acaban generando precipitación cuando se producen masivas condensaciones. No obstante, otra vez sin saberlo, tenía razón: conocemos bien los mecanismos de la precipitación, pero no siempre sabemos identificar bien las características concretas en cada porción de la columna de aire que hacen que llueva mucho en un lugar y nada en el de al lado, porque para eso necesitaríamos tener una ingente y densa cantidad de radiosondeos, a la que no nos acercamos, y sólo somos capaces de modelizar en un ordenador, con el consiguiente margen de error, cada vez más bajo, a partir de unos pocos datos reales.

enrique.molto@ua.es

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