11 de noviembre de 2015
11.11.2015

Recuperar el territorio

11.11.2015 | 04:15

La tercera tarea titánica a la que se enfrenta el nuevo Gobierno valenciano es la recuperación de nuestro territorio tras los destrozos causados por la burbuja inmobiliaria. Una burbuja especulativa que, por cierto, fue permitida y alentada tanto por el PSOE como por el PP. En una columna de hace más de una década, el irónico Félix de Azúa ya se refería a la costa mediterránea del futuro como un territorio degradado, donde las alimañas habitarían los miles de adosados y apartamentos vacíos abandonados a su suerte. Sin llegar necesariamente a este extremo, reconozcamos que nuestro paisaje muestra la decadencia de un modelo urbanístico que nunca debió permitirse. Urbanizaciones de adosados clónicas con dotaciones mínimas, promociones inmobiliarias a medio construir... Sin ir más lejos, flanqueando el jardín de mi familia, en lo que anteriormente era un precioso huerto de naranjos, encontramos un paisaje surrealista: una zona perfectamente asfaltada, con sus farolas, casetas de la luz y aceras, sólo que en lugar de chalés o adosados, sólo crece la maleza que algún esporádico rebaño de cabras aprovecha de vez en cuando. Un paisaje que habla de una época de sueños imposibles que el gran artista Hans Haacke inmortalizó en una memorable exposición en el museo Reina Sofía: Castillos en el aire.

Sin embargo, desurbanizar no es tan sencillo como urbanizar, porque no se espera plusvalía. Pero es un problema que no podemos ignorar. Tiene sentido elaborar una nueva legislación que reconvierta en suelo rústico los PAIs no ejecutados en un determinado plazo, exigiendo indemnizaciones por los daños causados a sus afectados, que fueron obligados a ceder los terrenos o pagar sumas exorbitadas para no perder su casa o sus campos. A su vez, debería priorizarse acabar algunos de los proyectos a medio ejecutar, en beneficio de un paisaje sembrado de tanto en tanto de esqueletos de hormigón sin paredes, y establecer una moratoria de urbanizaciones en medio de la nada que permite la actual ley vigente. Por lo demás, proteger y promocionar las zonas agrarias, habilitando ayudas para su reconversión ecológica, que permitiría una mayor incidencia en el mercado europeo. De hecho, tenemos un caso simbólico semejante al Cabanyal pero en el territorio: la destrucción de la huerta de La Punta perpetrada por la autoridad portuaria y Rita Barberá, para levantar una ZAL urgentísima que nunca se ha usado. Ahí están los viales, las farolas y la maleza como testimonio. Un importante reto que el actual consistorio no debe eludir.
El territorio, su degradación o belleza, configura finalmente nuestra imagen como pueblo, y es la base de nuestro medio ambiente y de nuestra economía. Recuperar el territorio, restaurar nuestro paisaje, puede conciliar una agricultura sostenible con un turismo rural de calidad. Ahí tenemos el incuestionable y exitoso modelo de la Toscana. Un modelo a seguir, adaptándolo a nuestra identidad.

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