06 de diciembre de 2015
06.12.2015

París no cuantifica

06.12.2015 | 01:32

Mientras escribo esta columna leo que en París se ha alcanzado un principio de acuerdo para reducir las emisiones, lleno de matices y corchetes y aún por perfilar, pero en el que se decide recortar las emisiones en 2050, pero no se cuantifica, y se especifica que el recorte total de emisiones debería? realizarse entre el año 2060 y el 2080. Digo yo, si no se cuantifica, ¿de qué sirve? Se mantiene el objetivo de que la temperatura media de la Tierra no suba más de 2 grados centígrados, el límite máximo que fija la Ciencia. Permítanme que les cuestione sobre lo absurdo de fijar una subida máxima de la temperatura como quien pone un límite de velocidad, sin acompañarlo de ninguna medida concreta y sin reconocer que otros componentes naturales pueden intervenir. Otro de los puntos clave del principio de acuerdo reconoce que el recorte de emisiones (que otra vez no cuantifica) tiene que ser distribuido de forma equitativa según la responsabilidad histórica de los países. Este último punto es interesante porque hasta ahora los países emergentes (China, Brasil, India, Sudáfrica,€) se sorprendían de que les pidiéramos responsabilidad en las emisiones para no seguir nuestro camino, sin reconocer que nuestra culpa era mayor, y negándoles su derecho a desarrollarse, pero el problema es que seguimos sin cuantificar nada. Lo mejor viene cuando se dice que ese principio de acuerdo tiene que ser negociado por los ministros de medio ambiente de 190 países, ni más ni menos. Si se consigue el acuerdo y se hace sin fijar números, no irá más allá de una declaración de intenciones completamente inútil como cuando en Kyoto se convirtieron los derechos de emisión en un mercado burdo, en el que las empresas de los países desarrollados compraban a los dictadores del tercer mundo sus derechos de emisión, que probablemente ellos tampoco cumplían. Mi pesimismo no viene sólo por los gobiernos. Las sensatas decisiones del Ayuntamiento de Madrid para detener una contaminación, que no es que cambie el clima sino que directamente puede matar, son vistas como extravagancias porque nadie está dispuesto a cambiar su modo de vida por mucho que responda en las encuestas que está concienciado del cambio climático.

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