06 de enero de 2016
06.01.2016

Y después de Taizé, ¿qué?

06.01.2016 | 04:15

La presencia de miles de jóvenes de más de 50 países en Valencia ha sido, sin duda, una oportunidad única para contagiar a los jóvenes de la Archidiócesis de este espíritu siempre nuevo y creativo de Taizé. Algunas parroquias nuestras llevan años viajando con sus jóvenes a este lugar tan encantador de la campiña francesa, incorporándose a ese estilo de pastoral. Y desde hace unas décadas ha marcado positivamente la vida de esos jóvenes y de su compromiso eclesial. ¿Por qué Taizé puede ser una oportunidad para la Iglesia de Dios en Valencia? Por supuesto, a muchos jóvenes alejados o críticos de la Iglesia, si se llegan a enterar, les puede llamar la atención esta gran concentración de jóvenes y, sin duda, se pueden hacer preguntas o incluso interrogar a los presentes en el encuentro sobre las razones de esta movida. Muchos han tenido que viajar miles de kilómetros en pesadas etapas de autobús. Este diálogo con los alejados puede ser muy positivo. Pero, sobre todo, es una oportunidad por varias razones. 

Taizé es un lugar de encuentro ecuménico y fraternidad. Desde hace décadas, miles de jóvenes de todo el mundo, de distintas razas y religiones, peregrinan a este lugar para compartir sus vivencias, sus dificultades, sus esperanzas. Para aprender a aceptar la diferencia y lo diferente en clave cristiana. En una palabra, para avivar la fe juntos y volver con nuevas ilusiones y experiencias para una vida cristiana renovada.

Taizé representa una espiritualidad y una liturgia vivas y vivificantes. En un mundo altamente pragmático y tecnificado, dedicar tiempo a la meditación y a la oración parece algo innecesario y ocioso. Sin embargo, Taizé nos muestra el camino para una necesaria fe más contemplativa. Una oración bíblica, sencilla, profunda, que nos impregna con el lenguaje repetitivo del amor, que nunca se cansa de escuchar lo mismo, pero siempre en un tono novedoso. Y una oración compartida, participada, desde cada corazón abriéndose al Espíritu. Aprendiendo del silencio y de la palabra de Dios

Taizé es una escuela de compromiso cristiano. La oración de Taizé desemboca en el compromiso cristiano. Abrirse a Dios, nos enseña también Taizé, es mirar al hermano que sufre, y hacer algo por él. Dios nos envía a su viña, a la cada de uno, de acuerdo con nuestros dones y carismas. Es una manera de activar la multiforme gracia del Espíritu Santo al servicio del reino. Nos apremia a construir ese mundo más acorde con el plan de salvación de Dios para los hombres. Taizé nos no evade de esa responsabilidad, sino que nos la recuerda detrás de cada letanía.
Por eso Taizé no habrá pasado por Valencia como un evento pasajero. Dejará su poso y, poco a poco, se explicitará en compromisos concretos porque además se han creado lazos entre los jóvenes y las familias acogedoras. Por supuesto será importante el compromiso de la diócesis y los párrocos diocesano, para que esta experiencia se consolide. Un aliento del Espíritu Santo para esta Iglesia que, como otras, desde hace unos años quiere convocar a más y más jóvenes, y muchas veces no sabe cómo hacerlo. Taizé y el papa Francisco caminan al unísono para que los jóvenes se sientan llamados a revivir o renovar su vida cristiana y aprovechen la oportunidad. Ser joven y creyente ha estado de moda estos días en Valencia. ¡Ojalá sea así!

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