17 de enero de 2016
17.01.2016

La piedra angular

17.01.2016 | 00:36
La piedra angular

Primer mandamiento: todo sujeto involucrado en asuntos de delincuencia y corrupción permanecerá alejado de la vida pública y nunca será ´gratificado´ con la contratación injustificada de su conyugue ni de sus familiares. Extensible a subcontratistas y empresas concesionarias de la Administración.

Cuando en la constitución del Congreso escandaliza más la presencia de un niño que la toma de posesión de un corrupto, investigado por pertenencia a banda organizada, algo no funciona en la sociedad española. Es el caso del diputado por el PP, Pedro Gómez de la Serna. En la Comunitat Valenciana la corrupción política conocida es la punta del iceberg, que sólo representa el 5% del total. Lo que nos queda por ver supera lo que hemos visto.

La primera en la frente. Ni grupo parlamentario valenciano ni nada que se le parezca en el Congreso de los Diputados. La polémica coalición Compromís-Podemos para las elecciones generales desemboca en fiasco. La Comunitat Valenciana seguirá siendo invisible en la política española. Salvo en las posiciones serviles de quien, pretendiendo defender los intereses de los valencianos, acaba haciendo lo que le mandan desde Madrid o Barcelona. El malestar y las voces de descontento se elevan. La operación diseñada obedece a una engañifa o un error de cálculo. Es hora clarificar lo que va a ocurrir a partir de los acuerdos firmados ante notario. Joan Baldoví ´dixit´. ¿Influirá en el pacto de Gobierno que rige en el Consell? ¿Quién va contra quién y dónde? Los valencianos han sido estafados una vez más, con una previsión sin viabilidad.
Los pilló descolocados. Hay president de la Generalitat de Catalunya por sorpresa. Era una de las piedras clave. La elección de Carles Puigdemont ha completado el arco de asuntos que afectan a la confraternidad en la península Ibérica. El líder de los socialistas, Pedro Sánchez, nada más contabilizar los resultados electorales del 20-D, fue a Lisboa para confrontar las realidades de Portugal y España, con su correligionario Antònio Costa, primer ministro luso. Los claveles rojos volvieron a florecer. La Unión Ibérica fue un horizonte de amplitud con raíces históricas y ventajas estratégicas. España vive de espaldas a Portugal, encelada con Cataluña, concertada con el País Vasco y Navarra. Mantiene un contencioso financiero con la Comunitat Valenciana de inquietante desenlace. «Lo que pasa es que no quieren pagar a Burgos», bramaba Marhuenda, ultramontano tertuliano televisivo. Según ese discurso en tierras de Castilla se volvería a las cavernas por causa del soberanismo catalán o de las reivindicaciones valencianas y baleares. Sería conveniente que los burgaleses recordaran lo que han robado y despilfarrado quienes gobernaron despóticamente.

Falta la pieza angular de la estructura del Estado. En las próximas semanas se decidirá quién forma gobierno. La política de alianzas marcará el futuro de los españoles. La figura de quien ha de presidir el ejecutivo es secundaria y podría ser insospechada, al estilo catalán. La investidura de Mariano Rajoy en tan alta magistratura sería un error para la convivencia„la corrupción acecha„ y para la imperiosa necesidad de diálogo que requieren confrontaciones y disidencias. La disyuntiva está en si el nuevo Gobierno se inclina por la animadversión o por el entendimiento. Las fuerzas de izquierda son diversas. El espectro conservador, incluida la extrema derecha, es el que tendrá la primera opción para formar gobierno bajo la dirección de Mariano Rajoy. La segunda alternativa es la alianza del resto de oposición al PP y Ciudadanos. Como telón de fondo persiste el conflicto territorial que requiere entendimiento y capacidad negociadora. Si prevalece la formación de una mayoría compuesta por PP, Ciudadanos y PSOE, la que reclaman los poderes fácticos y el cardenal-arzobispo de Valencia, monseñor Cañizares, se aplazaría el cambio político en España y se habrá formalizado la animadversión con las autonomías y nacionalidades que aspiran a la autodeterminación.

Los principios liberales„las conocidas normas de la vieja libertad, de Milton-- basados en el respeto y la pluralidad han sido arrumbados en aras a la corrupción o a la perversión de quien confunde el sentido democrático de las urnas con la imposición arbitraria. Urge que el aparato legislativo ejerza su poder, que se invista al presidente del Gobierno y que éste nombre sus ministros con la responsabilidad y el compromiso de hacer felices a los ciudadanos. No es necesario agotar los plazos ni los procedimientos, sino interpretar los signos de los nuevos tiempos. El PSOE de Pedro Sánchez tiene la clave angular y el PNV el cierre del arco.

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