01 de febrero de 2016
01.02.2016

Ejercicios contra el cabreo

01.02.2016 | 04:15

Sobre la corrupción. Ejercicio deductivo disyuntivo alternativo al ´silencio inteligente. Dedicado a Rita Barberá). Una persona te puede engañar toda la vida; y muchos, una vez o varias. No es probable que muchos te engañen siempre durante 25 años. ¿Cuáles son las condiciones de posibilidad para que ocurra eso que no es probable? 1ª, que seas tontas o estés lela; 2ª, que consientas el engaño; 3ª que participes en el engaño. Entonces, si es manifiestamente manifiesto que no eres tonta ni lela, sino más lista que el hambre y más larga que una mala tos, sólo nos queda que consientas el engaño o que participes en él. Ahora bien, si el engaño consiste en beneficiar fraudulentamente al grupo al que perteneces y mangoneas, entonces la condición de consentidora te convierte necesariamente en partícipe. De donde se sigue que (¡fíjate tú!) participaste consentidoramente: estás rodeada, ríndete y confiesa. Conclusión necesaria que, por cierto, ya no nos permite hablar ni de engaño ni de inocencia.

* (Segundo ejercicio deductivo ´modus ponens´, alternativo al "silencio inteligente". Dedicado a Isabel Bonig). A raíz del último y presente alboroto, la presidenta del PPCV asegura que «hay que aprender de los errores cometidos». Dicho en caliente, podríamos decirlo así: «si cometes errores, entonces aprendes; cometes errores, luego aprendes». También, es más: «si cometes muchos errores, entonces aprendes mucho; cometes muchos errores, luego aprendes mucho». También: «si cometes muchos errores durante mucho tiempo, entonces aprendes mucho durante mucho tiempo; puesto que afirmamos la condición o el antecedente, de ahí se sigue que muchos miembros del PP son desde hace años más listos que el hambre, es decir, que aprendieron de los errores cometidos en primaria, durante la ESO y el bachillerato, durante el grado y el máster. La fiesta de graduación en Picassent.

* (Sobre la identidad. Argumento ´ad identitatem´, quizá una falacia. En desagravio a la señera y a la paella). Puesto que las señas de identidad (y con ellas la identidad) no son algo con lo que uno nace (ni un codo, ni un ojo, ni un miembro locomotriz o reproductivo), sino algo con lo que uno se identifica o con lo que a uno le identifican los demás, entonces habrá que agradecerle al PPCV no sólo la defensa de lo conseguido, sino su contribución al engorde del identitario colectivo. Veinticinco años después de su advenimiento al poder, la gente identifica a Valencia con la corrupción, amén de la paella, la lengua («Milio, agarra´m el puro»), la senyera y un carácter amable. En el listado contenido en la ley de las Señas de Identidad detrás de la «b» de bous al carrer, la «c» de corrupción.

* (Sobre el «silencio inteligente»). En un callar que no se calla, Alfonso Rus, a las puertas del cuartelillo, ha dicho: «Todo es un montaje y ya diré de quién». Se trata, pues, de un silencio inteligente en diferido.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine