03 de febrero de 2016
03.02.2016

La soledad de los soberbios

03.02.2016 | 04:15

La soberbia es un defecto insoportable, especialmente para los que creemos en la igualdad de los seres humanos. Los comportamientos soberbios en política conducen al despotismo y al nepotismo y tienen efectos calamitosos sobre las personas y las organizaciones que los practican. El trato displicente, cuando no la humillación, de los contrarios o el abuso de las mayorías son hechos que no se olvidan al acabar la sesión parlamentaria y, ni siquiera, al terminar la legislatura. Ya pasó en Galicia con el último gobierno de Fraga y lo mismo le está ocurriendo a Rajoy.

La soledad a la que aboca la soberbia en política se traduce en aislamiento parlamentario y eso, que no parece importar a nadie cuando dispone de una holgada mayoría absoluta, se vuelve dramático al perderla y conduce a situaciones como la que está viviendo el PP. A pesar de ganar las elecciones generales como la lista más votada, la suya es una victoria pírrica al no encontrar a nadie que quiera pactar con ellos y eso, afortunadamente, permitirá que se abra paso una alternativa progresista en nuestro país a pesar de las dificultades políticas y económicas del momento.

Hasta aquí, una posible interpretación de las dificultades del PP para formar gobierno. Pero si traigo a colación este tema es más como aviso a navegantes para los líderes emergentes. Al final de la campaña electoral, Pedro Sánchez se mostró excesivamente arrogante y Pablo Iglesias se está comportando con una soberbia impropia de quien, no lo olvidemos, está donde está no para autoproclamarse líder de nada ni para designar ministros. Si ha llegado al Congreso ha sido por el apoyo de quienes aborrecemos los abusos de políticos y jerifaltes que nos tratan como súbditos y olvidan que todos, ellos y nosotros, somos ciudadanos libres dotados de derechos y deberes. Además, en cuanto representantes, ellos, que no nosotros, están al servicio de las instituciones y de todos los ciudadanos, incluso de quienes no les hayan votado.
Confiemos en que los unos entiendan el desafecto de ciudadanos y organizaciones y los otros no caigan en la tentación de la soberbia y del nepotismo que arruinan la reputación de cualquiera. Esto último lo digo, con pesar, mientras me viene a la memoria la actuación de algunos alcaldes y alcaldesas, presuntamente progresistas, que no dudan en subirse al carro de la designación de sus consortes, o similares, para ocupar cargos tan inexplicables como los de asesores de amigos y/o correligionarios; llenándose de esta forma los bolsillos de calderilla y su honestidad del oprobio de que alguien les pueda designar en público como la pareja sentimental de la asesora, sin faltar a la verdad. De la misma forma que algún político del PP se sonrojaba cuando alguien confesaba en su presencia que no estaba en política para forrarse.

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