09 de febrero de 2016
09.02.2016

El pueblo ha hablado

09.02.2016 | 04:15

En estos últimos tiempos se discute abundantemente sobre la voluntad política del pueblo español. En concreto sobre dos temas, que como veremos, son deducciones e interpretaciones. Que yo sepa, al llamado pueblo español, el día 20 de diciembre, además de las papeletas de los distintos partidos políticos no se le presentaron otras dos que decían: una, no a la mayoría absoluta y otra, no al bipartidismo. En realidad cada persona ha votado a quien ha creído conveniente. Que el pueblo ha roto con el bipartidismo y con las mayorías absolutas son simplemente un interpretación de los datos. La gente ha votado y, ahora, hay que obviamente jugar con esos datos. Los análisis, lógicamente, interesados de cada partido político interpretan el dato electoral para justificar su posible posicionamiento futuro. Eso no quiere decir, que está claro  que no hay mayoría absoluta de un sólo partido, pero no votada directamente por el pueblo, sino consecuencia del voto, que es muy distinto. Y, por lo tanto las consecuencias políticas intencionadas de esta interpretación hay que aquilatarlas muy bien, ya que el famoso pueblo no ha votado sumas, ni restas de partidos, sino partidos. Que luego se sumen o resten es otra cosa. Al final los afines no lo son tanto...

Dicho esto, ahora, cada partido tiene que sopesar su número de diputados para formar gobierno y las posible coaliciones. En consecuencia entramos en un territorio novedoso, el del diálogo y la negociación. Esto, en cierto modo, no es inédito en la democracia española, pero sí de una manera tan consistente. En algún tiempo los nacionalistas prestaron apoyo político para la gobernabilidad de España. ¡Qué tiempos!
Está claro que la fragmentación del voto conlleva especulaciones de todo tipo. Las declaraciones de los líderes de los partidos alimentan este ambiente nupcial. Algunos se dejan querer mientras que otros rechazan los noviazgos envenenados. Al final veremos en que queda este baile. Hay dos pretendientes principales, pero muchas dudas o exceso de claridad. Y, probablemente, mucha reunión a puerta cerrada, móviles etc€
En cualquier caso, lo que si deseamos los españoles es seriedad, rigor, responsabilidad y transparencia a la hora de cerrar los pactos. Seriedad significa mirar ante todo el bien común de nuestro país, precisamente en este momento concreto de su historia, con sus luces y con sus sombras, pero sobre todo con sus retos. Rigor quiere decir que los votantes no quieren chalaneos de cargos, a costa del programa electoral. De cara a una negociación se puede admitir el ceder en algún tema secundario, pero no en lo esencial, ya que esto desnaturalizaría la opción votada y ese partido sufriría el posterior castigo electoral. Responsabilidad es poner la mirada clara en los problemas más candentes y urgentes y, vislumbrar soluciones. Transparencia, que se de cuenta  y razón a la sociedad por escrito de lo pactado en la mesa. Luz y taquígrafos. Y si hay reparto de cargos exactamente lo mismo. Los tiempos del oscurantismo tienen que acabar. No se si será mucho pedir, pero es lo mínimo. Y, objetivo número uno de la legislatura: tolerancia cero a la corrupción. 

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