24 de febrero de 2016
24.02.2016

El futuro de Bonig

24.02.2016 | 04:15

Los últimos escándalos aconsejan la celebración urgente de los congresos regional y provinciales del PP valenciano. El partido se tambalea y necesita apuntalarse. Pero esas prisas juegan a favor de Isabel Bonig, que viene preparando desde hace tiempo el terreno para tomar el poder. Retirado Alberto Fabra en el Senado y sin ganas de volver, el otro referente valenciano en Madrid, Rita Barberá, ya respaldó tras el 20D a la actual presidenta autonómica del PP al asegurar que había recuperado 180.000 votos. Lo cierto es que los datos de las elecciones generales se han maquillado grotescamente al mezclarlos con los de las autonómicas de mayo. Por la misma razón podría decirse que Mariano Rajoy perdió en la Comunitat 700.000 votos si comparamos los resultados de las generales de 2011 y las autonómicas de 2015, donde la responsable de campaña fue la propia Bonig. Cada uno baraja según el interés.

Más que lecturas sesgadas de los resultados electorales, lo que le hace falta al PP valenciano es entender estas otras cifras: que la Comunitat ocupa el undécimo puesto sobre 15 comunidades autónomas en inversión del Estado, que cada valenciano recibe de media 60 euros menos que el resto de los españoles, que tenemos tasas de desempleo por encima de la media nacional, que alrededor de 100.000 familias valencianas carecen de ingresos, que sobrepasamos en cinco puntos la media nacional de pobreza, que carecemos de políticos en el Gobierno. Esa es la herencia que Rajoy y su equipo han dejado a los valencianos, lo que ha llevado a la ciudadanía a percibir un abandono total en años de profunda crisis y sufrimiento social. A todo esto añádase el sentimiento de desconfianza generado por los casos de corrupción, que no han salpicado sino bañado a todas las grandes instituciones. Éstas son las claves que marcan y marcarán el resultado del PP en las urnas.
El intento de Bonig de arroparse con la vieja guardia le ha salido mal por culpa de la Taula de Rus y por el tsunami del grupo municipal en el Ayuntamiento de la capital. Es comprensible que desee mostrar fuerza dada su interinidad de cara al próximo congreso, al mismo tiempo que debe soltar el lastre del vasallaje hacia los barones provinciales. Bonig será líder si es capaz de devolver la dignidad a toda una militancia y a la vez puede explicar a sus votantes cómo es posible que tanta basura pasara desapercibida. Pero, lamentablemente, hoy por hoy la tan aclamada regeneración popular no está siendo llevada por sus dirigentes sino por la policía y el aparato judicial.

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