03 de marzo de 2016
03.03.2016

No soy europeo

03.03.2016 | 04:15

Antes se me llenaba la boca proclamando a los cuatro vientos que me sentía europeo, y que el trasiego de personas sin el protocolo incómodo de los gendarmes, las barreras, las colas y los registros, era un éxito internacional. ¿Por qué siempre se nos arruga un poco el estómago cuando se nos acerca un uniforme con cara de pocos amigos?

Eso decía imaginando una Europa haciendo sombra a los EEUU y consolidando una alternativa política y social a los superpoderes del vecino más allá del Atlántico.

Pero ya no lo digo. Me he quedado mudo y miro hacia atrás renegando de mí mismo. Porque ha vuelto la vieja Europa la de las batallas y rivalidades, la de las cruzadas sangrientas en nombre de un dios injusto, la de los feudales recelosos y violentos. La Europa desunida y errática con reyezuelos que han perdido el pulso de la sociedad, han vuelto la mirada hacia el becerro de oro, y han decidido, abandonar a los abandonados y cerrar las puertas a los que no tienen puertas.

Esa Europa de reuniones maratonianas televisadas, cafés y centros con flores en las mesas de negociaciones, saludos y apretones de manos entre sonrisas, pero con las manos completamente vacías, a la hora de ofrecer salidas a los últimos de la fila. Solo importa apostar por el más fuerte para sacar pingües beneficios mientras otros son expulsados, perseguidos y recibidos a golpes por ideologías que creíamos marginadas y ahora están subidas al trono del poder.

Es esa Europa que ha cambiado solidaridad por alambradas, comprensión por policía, alimentos por escasez, y casas por campamentos maltrechos y sin condiciones. Las puertas se estrechan hasta el infinito, las fronteras vuelven a triunfar y todo bajo el reinado de banderas y gritos que defienden lo propio por encima de lo imprescindible.

No me representa esa Europa y no quiero formar parte de un proyecto tibio y egoísta que deja fuera a los que nunca han entrado porque no tienen billete hacia el bienestar, no tienen boleto para el sorteo, no tienen tarjeta que los identifique. Ya no diré que soy ciudadano europeo porque me da vergüenza.
No quiero ser de una Europa de papeles.

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