16 de marzo de 2016
16.03.2016

Sí se puede, sin Iglesias

16.03.2016 | 04:15

Lo escribo con tristeza pero lo digo sin rubor y con el enfado de quien se siente defraudado. No era esto lo que esperábamos quienes vimos en el 15M una luz de esperanza para la política española y quienes saludamos alborozados la formación de los círculos de Podemos. La verdad es que esperaba más de un brillante estudiante y profesor universitario como Pablo Iglesias al frente de la formación. De la misma manera que confío en que muchos de los dirigentes sensatos de la formación le den la espalda en los próximos meses.

Confiaba en que la marea de jóvenes profesores universitarios aportara sinceridad y nivel a la vida parlamentaria y la alejara del ramplón discurso displicente en que la había sumido una legislatura presidida por la desidia y el desprecio al contrario que ha marcado Mariano Rajoy€ pero me equivocaba. A Iglesias le sobra soberbia por todas partes y le faltan argumentos y un discurso coherente. Quien fuera brillante tertuliano de La Sexta y supiera evitar las interrupciones constantes y el vocerío televisivo, se desplaza peligrosamente al espectáculo vocinglero de Telecinco y, aunque se diga alumno de Antonio Gramsci o de Julio Anguita, su discurso parlamentario acaba recordando al de Ciccolina, dispuesto como está a ser él el discurso.

Con mimbres como los que exhibió Podemos en el frustrado debate de investidura, mal se puede hacer una política en favor de la gente, como esperábamos sus votantes y simpatizantes. Harían bien Carolina Bescansa, Íñigo Errejón y los demás compañeros en recomendarle a Iglesias que cambie el Congreso por los platós de Gran Hermano, La isla de los monstruos o Sálvame de lo que sea en donde su histrionismo y autosuficiencia podrían desplegar todo su argumentario.

Soñábamos con una defensa de los parados, de los jóvenes emigrados a su pesar, de los jubilados afectados por los copagos y los dependientes abandonados a su suerte y el esfuerzo de sus familias. Esperábamos que se evitara que los recursos públicos se emplearan en favor de banqueros y especuladores, de las mordidas de nacionalistas catalanes y de esa, aparentemente anecdótica, multitud de cargos del PP que se financiaban con obras públicas y contratas o se pusiera coto a la forma en que dirigentes del PSOE administraron Andalucía como si fuera su cortijo.

Lo que necesitamos no son numeritos ni insultos cruzados. No basta declararse de izquierdas y ponerse del lado de quienes, tras un juicio con todas las garantías procesales, cumplen condena por terrorismo olvidando a sus víctimas porque eso pueda parecer más de izquierdas. El Congreso de los Diputados puede prescindir de Iglesias porque, lo que él llama la gente, no podemos permitirnos un solo diputado que represente tan solo a su ego. Confiemos en que los círculos de Podemos puedan amortizarlo en las próximas elecciones y recuperar la ilusión de una formación que luche por los más desfavorecidos y por la superación de la brecha social que provocaron cuatro años de administración de Rajoy.

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