17 de marzo de 2016
17.03.2016

Religión o ciencia

17.03.2016 | 04:15

Fue en enero de 1979, pocos días después de aprobada la Constitución, cuando Marcelino Oreja, ministro del Gobierno de Suárez, firmó con el cardenal Villot cuatro acuerdos que se habían elaborado en secreto en momentos preconstitucionales. En ellos se acordaba una reforma en profundidad del Concordato de 1953 en lo referente a asuntos jurídicos, enseñanza y cultura, asistencia religiosa a las fuerzas armadas y en asuntos económicos.

El artículo segundo del acuerdo sobre enseñanza implantaba «la enseñanza de la religión católica en todos los centros de educación en condiciones equiparables a las demás disciplinas fundamentales», pero su implantación fue tan breve como el Gobierno de Suarez. Tras las elecciones de 1982, el PSOE aprobó la Logse en 1990 y desde entonces los obispos y el Partido Popular han luchado por conseguir lo que decía el acuerdo de 1979. Casi cuarenta años después, la ley Wert (Lomce) ha conseguido aplicarlo.

La equiparación de la religión a las matemáticas, la física o cualquier otra asignatura fundamental ha tenido un efecto inmediato. Así, en nuestra comunidad, según informaba Levante-EMV el pasado 6 de marzo, la demanda de cursar esta asignatura se ha incrementado en un 42 %. De ello resulta que la mitad de todos los alumnos matriculados en primer curso de Bachillerato va a estudiar religión. En los centros privados concertados ya cursaba religión el 88 %, por lo que ahora, cabe suponer que ya serán todos, el 100 %.

¿Qué ha ocurrido? ¿Por qué ese amor repentino al estudio de la religión? Todo parece indicar, y es la opinión generalizada, que el hecho de que la nota en religión puntúe para la media, unido a una esperanza de obtener fácilmente una buena nota, dirijan al alumno, ya sobrecargado de trabajo, hacia esa asignatura.

Los alumnos valencianos de primer curso de Bachillerato han tenido la posibilidad de elegir entre religión, cultura científica y anatomía aplicada y la mitad de ellos ha preferido la religión frente a la ciencia como un presagio de la reafirmación de algo tan castizo como el «que inventen ellos». Una lamentable, en mi opinión, elección. Los obispos españoles han conseguido más de lo que consiguió el mismo Dios.
Según nos cuenta la Biblia (Genesis 2-3) Dios dijo a Adán que no comiera los frutos del árbol del conocimiento del bien y del mal porque de hacerlo, moriría. Sigue el relato y la serpiente le explica a Eva que no morirían, sino que se le abrirían los ojos al bien y al mal y poseerían el conocimiento. Según escribe Pío Baroja en su obra «El árbol de la ciencia», Adán y Eva tuvieron que elegir entre el árbol de la vida que les permitía su permanencia en el Edén, y el árbol de la ciencia del bien y del mal. En aquella ocasión, el ser humano prefirió el conocimiento, la ciencia, a pesar del coste que iba a tener para ellos. Dios los expulsó del Edén entre maldiciones para ellos y sus sucesores, pero el hombre había elegido la ciencia que, según la Biblia, lo hacía semejante a Dios, que conocía el bien y el mal.

Una bonita historia que seguramente no estará en el currículo de la asignatura de religión. Hoy, la mitad de nuestros jóvenes bachilleres ha elegido al revés. Ha despreciado la ciencia en favor de la religión. Esta elección también la vemos en los presupuestos del Estado. Dificultades económicas para la ciencia y la investigación y aumento continuado de las ayudas a la Iglesia. Esperemos que esta situación cambie algún próximo día. Que la Lomce sea derogada y denunciado el Concordato.

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