19 de marzo de 2016
19.03.2016

Padres

19.03.2016 | 04:15

Se celebra el Día del Padre, como también el Día de la Marmota, el Día de la Toalla o el Día del Huevo. De manera que cada entidad cuenta con su propia fecha conmemorativa. Supongo que habrá el Día del Tonto del Pueblo o el Día de Mª Teresa Campos, qué sé yo. La cosa es atiborrar el calendario, si bien es cierto que, malogradamente, los días laborales predominan sobre los festivos, algo que duele y mucho. No deja de ser curioso que trabajemos el Día Internacional de la Mujer, incluso nosotros los feministas, un agravio comparativo respecto a otras fechas celebradas por todo lo alto. Se mire como se mire, respetamos más aquellos festejos que nos permiten olvidarnos del despertador e invitan a callejear y departir algún manjar en la mesa.

Lo del Día del Padre chirría un poco. Estaría bien amenizarlo leyendo la Carta al padre de F. Kafka o La danza de la realidad de A. Jodorowsky. La dialéctica padre-madre impregna toda la historia de la humanidad, algo que sabrán los cuatro gatos que sigan a Hegel. Los tiempos cambian, cierto, pero el padre nunca sustituirá a la madre. El rol de ambos resulta incuestionable, claro, sin embargo, ¿quién canaliza el auténtico e imprescindible engranaje familiar? La madre, con deferencia. Huelga asociar ideas para comprobar el inexorable protagonismo de la madre, vinculada a una ética del cuidado: amor, comprensión, diálogo, ternura, inteligencia... Al padre, por contra, lo situamos en otra dimensión: sofá, fútbol, ignorancia (su célebre «pregúntale a mamá») y amigotes. El carácter avinagrado del padre contrasta con el optimismo maternal, siempre dispuesta y entregada a cualquier petición de los hijos. Si usted cuestiona esta descripción (que no opinión), pregúntese: ¿quién pide días libres en el trabajo para acompañar a las criaturas al médico? ¿quién cuida del abuelo? ¿quién conoce el nombre del tutor de su hijo y no digamos los nombres de los compañeros del grupo?

Que sí, que sí, que hay que disfrutar este Día del Padre. ¡Nadie cuestiona la importancia de tal miembro de la familia! Pero un servidor desea rendir homenaje a la madre en su no-día. Porque, nos agrade o no, la madre ocupa un papel principal y relevante en la biografía de todos los hijos. A pesar de todo, ¡son nuestros padres! Y al pan, pan, y al padre, padre.

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