27 de marzo de 2016
27.03.2016

Brisas de Pascua y verano

27.03.2016 | 04:15

Tanto el tiempo de Pascua como el de Fallas suelen caracterizarse por su marcado carácter primaveral. Se trata del típico tiempo que, como explicamos la semana pasada, nos vuelve de cabeza a los que nos dedicamos a la predicción meteorológica. Pese a esta variabilidad, en la zona de litoral es muy raro que no haya algún día en el que los aficionados a volar la cometa no tengan una tarde de condiciones óptimas para volarla en zonas tan emblemáticas como, por ejemplo, la playa de la Malvarrosa en Valencia. Ello se debe al fenómeno de la brisa, que es justo en primavera cuando mayor incidencia tiene.

La brisa, a diferencia del viento de poniente, es un viento estable y poco susceptible a roles y cambios súbitos de velocidad. Cuando se celebró en Valencia la America´s Cup hace unos años ya se aprovechó este magnífico recurso como «gasolina» de los veleros que allí compitieron. Pero aquel acontecimiento no desveló nada que no se conociera ancestralmente en las costas valencianas. El fenómeno de la brisa se produce por la diferencia de temperaturas entre la superficie terrestre y la marítima, las temperaturas a media mañana ya superan ampliamente los 20 grados, mientras que la temperatura de las aguas de nuestras costas se encuentra a 16 ºC. En invierno suele ser el poniente quien impide la aparición de las brisas, pero los días soleados en los que no hay un viento predominante o sinóptico, la superficie poco ventilada del suelo se calienta a mediodía de manera que el aire se vuelve más ligero y tiende a ascender. El hueco que crea este movimiento es llenado por el aire más frío que sobrevuela el mar, generándose así el viento de la brisa. Puesto que es un viento que se produce en días estables, a unos 1.500 metros de altura, aproximadamente, en lo que se conoce como la «capa límite». El ascenso de la masa de aire sobrecalentada desde el suelo se corta por toparse con una masa de aire aún más cálida arriba, de manera que es empujada hacia poniente por los vientos predominantes, cerrando el ciclo en un proceso que se repite en primavera y verano la mayor parte de días en nuestra franja litoral.

La brisa forma parte de nuestra cultura, además de con la tradición de nuestros ancestros de volar la cometa „«milotxa» en Valencia„ también ha determinado el éxito de los lugares de playa como los sitios por excelencia donde pasar el verano. Puesto que cuanto más avanza el verano las diferencias de temperatura son menores entre el mar y la tierra, y la brisa disminuye, cerca de la playa se mantiene soplando en las horas centrales del día. Así, aunque la humedad es alta, los efectos refrigerantes del viento „además de, por supuesto, la componente lúdica de la playa„ resultaron claves para que a mediados del siglo pasado naciese el turismo de sol y playa en nuestras costas, con la gente de las poblaciones vecinas del prelitoral que iban a pasar los días más cálidos del verano a la playa.

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