27 de marzo de 2016
27.03.2016

Equinoccio a la valenciana

27.03.2016 | 00:07
Equinoccio a la valenciana

Acabamos de pasar una prueba de fuego para la valencianidad. Muchas miradas estaban pendientes de cuanto podía ocurrir entre el nuevo ayuntamiento presidido por Joan Ribó, las voluntades falleras y sus protagonistas «enragées». El periodista Lorenzo Gomis, publicó en 2003 un artículo con el título: «La primavera no es noticia», en el que reflexionaba acerca de que la llegada de la primavera había dejado de ser noticia, porque la belleza tampoco era ya noticiable. Belleza y primavera quedaban íntimamente vinculadas. Las fallas, junto con la naranja, siguen siendo los factores identificativos más relevantes de la imagen de lo valenciano hacia el exterior. El nuevo equipo municipal no se ha quemado con las fallas de 2016 y lo tenía difícil. Tiene pedido un estudio del impacto económico de las fallas y ha constatado que hay más falleras„100.000 desfilaron en la Ofrenda„que falleros. Hay un aspecto de la actividad fallera que no se puede pasar por alto. Quienes son partidarios de las fallas, los del todo vale por la fiesta, son tantos como aquellos que las contemplan con reticencia y desde el hartazgo por su desmadre.

Las fallas son la versión conjunta del carnaval„«carnestoltes» para los valencianos„ y la exaltación de la primavera, coincidiendo, con el equinoccio de marzo, al borde de la Semana Santa y en el tramo final de la Cuaresma. Los días en estas fechas son tan largos como las noches y lo celebramos. Tiempo gastronómico del «L´Arnadí»„«Carabassa Santa»„ dulce laborioso con reminiscencias árabes, cuyos componentes básicos„calabaza y boniato confitados„ nos trasladan a raíces moriscas. Almendras, piñones y azúcar sin límite sitúan a este grandioso postre en la excelencia ignota de la gastronomía autóctona. Las habas frescas pacientemente desgranadas y acompañadas de cebolla y ajos tiernos, maridando a las albóndigas de bacalao, patata y perejil, completan los alimentos que pueden quedar listos en el hogar, para no cocinar durante los Oficios religiosos de jueves y viernes santos. De forma similar al shabat de los judíos, en cuya celebración, la tradición ortodoxa, no permite ni prender fuego. Tres elementos configuradores de la personalidad valenciana: trazas hebráicas, rasgos árabes y la impronta cristiana, que da lugar a pasos y procesiones de Semana Santa, con sus capirotes portadores de rica imaginería.
Valencia con sus fallas sigue ejerciendo de centro cosmológico. Desvirtúa así su liderazgo y empaña la riqueza comarcal y municipal que fue base de la concepción política y social del Reino de Valencia, interpretado y regido desde sus Fueros. En Valencia la primavera es belleza y por tanto, noticia. En el campo empresarial, si no por elección deliberada, por sentido de la oportunidad, las organizaciones y las entidades económico-empresariales, ahora en declive, tienen que reconducir sus pasos para ver, pensar, trabajar, dar servicio y promover el emprendimiento con sentido de la diversidad, de la pluralidad, de la equidad y de la generosidad territorial. No es hora de dudas ni temores cuando la urgencia apremia. Es ocasión para comprometer a todo el territorio en la empresa común en su concepción, en su desarrollo y en su fin último. Es momento de sinergias y de cooperación, factor insustituible para el crecimiento económico y la creación de empleo. Los empresarios están obligados a dar el paso adelante, pensar en términos políticos de territorio en expansión y de ser radicales en la defensa a ultranza del interés general de los valencianos.

Una gran empresa colectiva, como ha de ser la reinvención del País Valenciano, tiene que contar con el respaldo conjunto de todas las capas sociales, de todos los estamentos, de todos los sectores y el de sus representantes. Cada cual no puede pensar solo en conseguir su hospital, su facultad universitaria, su polideportivo, su conexión ferroviaria ni en su apeadero de AVE. Es humillante para los valencianos, desde los desplantes del ministro de Hacienda en funciones, Cristóbal Montoro, a la imposibilidad de recorrer el territorio valenciano en toda su extensión con un tren de alta velocidad, ni para mercancías ni para viajeros.

Martí Domínguez, escribió sobre el crepúsculo de las fallas: «Después de la algazara dionisíaca del Carnaval llega la Ceniza, con la cual se traza una cruz sobre la frente de los hombres que son polvo y en polvo se han de convertir. Así también, sobre la Ciudad, la ceniza acumulada, en los cruces urbanos, retirada mañaneramente por los servicios de limpieza municipales„otros héroes„pero sin que desaparezca del todo el rastro del fuego, cada 20 de marzo marca para Valencia un atemperante miércoles de ceniza». Cara y cruz de la cita ancestral de primavera.

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