29 de marzo de 2016
29.03.2016

Mirar todo el tablero

29.03.2016 | 04:15

Un líder de verdad como Tony Soprano, y no un teórico como Maquiavelo, que nunca pasó a la práctica, sabe que lo más propio y adecuado de un buen dirigente es la visión de conjunto. Por lo que hemos escuchado a lo largo de estos meses, nadie mira todo el tablero, sino solo su pequeña verdad. No abunda la capacidad de reaccionar a la verdad de los otros. Esto es lo que más gusta de una serie tan fascinante como «House of Cards». Sabemos lo perversos que son los Underwood, pero jamás dejan de apreciar el momento de verdad de sus rivales. Responden a ese momento con otra verdad, no con el bla, bla, bla de sus propias mentiras. Eso hace que olvidemos su catadura moral y que por un instante los admiremos.

Lo miope que esté Rajoy me resulta indiferente. Ya sabemos que representa el grado cero de vitalidad política. Pero no me es indiferente que otras fuerzas políticas equivoquen el diagnóstico porque no sean capaces de reconocer la verdad de todo el tablero. La clave reside en centrar la batalla política en superar al PSOE, no en transformar la realidad. Si se piensa lo primero, se pueden tirar cohetes. Si se piensa lo segundo, se necesita algo más. Una cosa no implica la otra. Se puede ganar al PSOE en unas próximas elecciones y estar más lejos de transformar la realidad del país. Lo que ha hecho el PSOE no es una ocurrencia, sino un dispositivo. Ya no estará solo. Así que quien piense sólo en superarlo, se equivocará. El PSOE es el PSOE, más sus amigos potenciales. Superar eso será un poco complicado.

Pero hay más. En realidad, porque C´s tiene un momento de verdad, se puede estar forjando una hegemonía de centro derecha que tendría por delante una década de gobierno. La pregunta que debería hacerse Pablo Iglesias es si está en condiciones de mantener su liderazgo sobre Podemos durante una década, sin haber demostrado antes que es un líder fiable y responsable, capaz de gobernar de un modo aceptable para amplios sectores de ciudadanos. La pregunta se puede hacer de otro modo: ¿quién resistirá mejor ese desierto de ocho años, Podemos o un PSOE con amigos en todo el arco parlamentario?

Mirar el tablero entero quizás implique darse cuenta no de cuánto falta para superar a Sánchez, sino cuánto falta para la mayoría absoluta y qué se debería hacer para llegar a obtenerla algún día. Porque de eso se trata. Si Podemos no se ofrece como un partido que debe aspirar a la mayoría del tablero, entonces debe prepararse para la resistencia. Eso es lo que he llamado pasar al momento republicano. Mirar el tablero completo obliga a preguntarse si la mejor manera de transformar el panorama político español hacia una mejor atención de los intereses populares mayoritarios no debería tener como tarea primordial forzar a una recomposición del PP, algo que sólo puede suceder si pasa a la oposición. ¿Se ha pensado de verdad lo que puede significar esto para la modernización del cosmos político español? Si solo miramos a la parte del tablero que nos obsesiona, quizá esta reformulación del espacio de la derecha no nos importe. Pero si queremos hablar a la totalidad de la ciudadanía, con la esperanza de que algún día confíe en nosotros, ese podría ser un discurso valioso.

El mayor obstáculo de Podemos reside en que tiene a la contra todo el sistema político español y ante ese hecho no es el mejor remedio quedarse solo. No es lo mismo ser fiable para los líderes de otras fuerzas políticas que para la ciudadanía, desde luego; pero la pregunta es si se ha hecho lo suficiente para que la ciudadanía aumente la percepción de que Podemos es una fuerza responsable en la que confiar el gobierno en una situación dada, por no hablar en una situación de crisis. Tener 70 diputados sobre el tablero completo no es suficiente para aspirar a la vicepresidencia y controlar el aparato del Estado. La ciudadanía quiere entregar el poder, ese e incluso otro mayor, al que le resulta fiable; pero no ve con buenos ojos que se busquen poderes decisivos del Estado para usarlos en beneficio exclusivo. En todo caso, ese fue un objetivo desmedido desde el principio y el mal reside en que ahora cualquier cosa parecerá nada. Y no es así.

Todas estas preguntas quizá resulten algo retóricas y abstractas, pero tienen versiones más precisas. Ayer escuchaba a Alexandra Fernández, de En Marea, que insistía en negar el momento de verdad de Ciudadanos. Decía que es el PP y que continúa las mismas políticas de Rajoy, ofensivas contra los intereses populares. Frente a esto, que se parece mucho a creerse las propias mentiras, leí con alegría un artículo de Rodrigo Amírola, del Consejo Político de Podemos, en el que reconocía que Ciudadanos se creó para competir por las reformas trasversales de Podemos, y que sería un error que Podemos se escorase a la izquierda justo para diferenciarse. Si es así, debemos hacernos una pregunta. ¿De verdad, si se realizase todo el acuerdo de C´s y PSOE, tendríamos lo mismo que tenemos con Rajoy? He estudiado a fondo el acuerdo y negaría la vergüenza intelectual a quien dijera que dicho acuerdo es lo mismo que el PP. España sería mejor si ese acuerdo se realizase, aunque no sería todavía la España que a mí me gustaría que fuese.

La pregunta para quien mira el tablero entero, no solo espacial sino temporal, es ésta: ¿se perderá la ocasión de llevar adelante este acuerdo beneficioso para la calidad democrática de España y para su ciudadanía, porque la aspiración es vencer a un PSOE que ya nunca estará solo? ¿Y se perderá la ocasión sin tener ni siquiera la certeza de conseguir esa victoria? ¿Y qué pasará en el largo tiempo que viene? ¿Será suficientemente transformador ostentar el título de primer partido de la izquierda?

Solo hay una opción para un líder que mire todo el tablero. Decirle claro a la ciudadanía que no se tienen fuerzas para determinar el gobierno, porque con 70 diputados aún no es bastante para ello, pero sí es suficiente para mejorar el pacto de C´s y PSOE con medidas que valen una abstención. Ese pacto saca al país del inmovilismo de Rajoy. El precio de una abstención no es el mismo que el de un apoyo positivo, desde luego, pero puede ser suficientemente alto como para presentar a los votantes una victoria. La primera y principal, que sólo Podemos puede sacar al PP del gobierno y lanzarlo a un futuro de claridad y transparencia, de modernidad y de limpieza. No es poca esta victoria. Pero no sería la única. Si se repasan las 70 páginas del acuerdo, se pueden aumentar y mejorar. Por ejemplo, mantener a Bankia como banca pública dedicada a préstamos a los autónomos y a los pequeños empresarios españoles; por ejemplo, concretar la proporcionalidad de la Ley electoral; por ejemplo, mejorar la reforma de la Justicia o de la transparencia de la Administración; por ejemplo, crear un plataforma parlamentaria para tratar el problema catalán, presidida por Doménech.

Otro ejemplo, derogar la LOMCE. Hay muchos más ejemplos concretos y cada uno de ellos sería victoria porque llevaría al PSOE más allá de su oferta inicial. Podemos debería proclamar ante la opinión pública que sólo por reacción a su oferta se ha llegado al acuerdo C´s y PSOE. Esa es una gran victoria. Debe llevarla más allá, sin duda. Pero sus votantes quieren un uso responsable de sus votos, y no dejarlos sin fuerza transformadora hasta calendas grecas. Porque lo que da fiabilidad a un partido es el uso transformador de su capital, proporcional y beneficioso. Sin eso, no habrá ulterior crédito ciudadano.

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