02 de abril de 2016
02.04.2016

Casablanca, Valencia, Carmen

02.04.2016 | 04:15

Desde 1942, Casablanca compite con su mito. Los viajeros vienen en busca de una ciudad romántica inventada por Hollywood para la historia de Elsa y Rick. En la realidad, es la capital comercial y mediática del Marruecos, un túrmix de nueve millones de personas que aspira a convertirse en el hub donde confluyan África, Europa y América Latina.

Muchos valencianos conocen el mito pero ignoran la realidad. «Siempre nos quedará París», «tócala otra vez», «este es el principio de una larga amistad» son diálogos que rondan por los imaginarios. Las vidas de los casablanqueses, sus afanes diarios, sus circunstancias sociales o la calidad y el estado de las relaciones entre los hombres y las mujeres en este enorme enjambre son puro desconocimiento.

Venidos con la internacionalización y con la crisis, hay un puñado de empresarios valencianos. Una marca de zumos lleva el nombre «Valencia» y un restaurantes se llama «La paella». Un núcleo de profesores de las universidades de Mohammedia y de Hassan II han estudiado en Valencia. La Bienal Internacional de Casablanca tiene muy buenas relaciones con la Universidad Politécnica de Valencia y el trabajo en residencia de Uiso Alemany ha dejado una huella profunda.

La visita de Carmen Alborch la semana pasada ha sido otro punto de partida que ayudará a tejer lazos de colaboración y entendimiento. 
Carmen vino invitada por el Instituto Cervantes para participar en un programa dedicado a debatir la situación de la mujer en la vida pública, marroquí y española. Estuvo en Casablanca, „donde el encuentro fue un homenaje a la inolvidable escritora, pensadora y defensora de los derechos de la mujer en las sociedades árabes, Fátima Mernissi„, en Rabat y en Fez.

Las intervenciones de Carmen han sido acertadas y brillantes y ha dejado claro porque es  una de las grandes referencias del feminismo actual en nuestro país. Un feminismo que apunta a la utopía de la igualdad siendo realista en la valoración de los avances. El movimiento feminista marroquí, „valiente, esforzado, resistente„, guardará memoria de esta visita. 

Un golpe de baraka hizo que, estando en Marruecos,  le llegara la noticia de que el gobierno español le había concedido la medalla al Mérito Civil. 
Su actividad en Marruecos es otro mérito que añadir a los muchos de quien fuera directora del IVAM, ministra de Cultura, concejala del Ayuntamiento de Valencia y senadora y que ahora ha vuelto a la Universidad como profesora de Derecho Mercantil. 

Casablanca, la película, el mito, es una historia de amor y un canto a la integridad y el arrojo de unos ideales en situaciones dificilísimas. En la defensa del feminismo que se ha hecho en estos debates latía algo así. Las interlocutoras marroquíes coincidieron en que en las sociedades árabes, en la Casablanca real, hay un grave peligro de involución de los avances  conseguidos en el largo camino para igualar los derechos y cambiar mentalidades y actitudes en las relaciones entre los hombres y las mujeres. 

Antes de partir, visitamos el café de Rick que una avispada ciudadana norteamericana ha convertido en un rentabilísimo negocio al amparo de la película. Allí vimos con Carmen que en la Casablanca del mito las relaciones mujer y hombre siguen idénticas siete décadas después:  Ingrid y Humphrey, adorables, enamoradísimos, olímpicamente ajenos a los debates sobre la igualdad.  

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