03 de abril de 2016
03.04.2016

A vueltas con el clima

03.04.2016 | 04:15

Uno de los más respetados especialistas independientes sobre cuestiones climáticas, Ferran Puig Vilar, advertía hace unas pocas semanas que de acuerdo con los últimos datos de temperatura global publicados por la NASA, en el pasado mes de febrero ya se han medido los famosos dos grados centígrados de más en relación a los niveles preindustriales, el límite que nunca debería sobrepasarse. El hecho de que pueda ser de momento algo puntual debido al fenómeno de El Niño, no disminuye en nada la probabilidad de que se asienten de forma estable en un futuro muy cercano.

Desde esta nueva perspectiva, el resultado de la cumbre climática de París, que tanta alegría generó en los políticos y tan poca en los ecologistas, se nos desvela como un nuevo fracaso enmascarado de acuerdo. Acordar que voluntariamente se irán tomando medidas a partir de 2020, cuando entre en vigor el Tratado, es aplazar una vez más lo inaplazable. Un verdadero ejercicio de irresponsabilidad que nos demuestra hasta qué punto los políticos tienen poco poder para modificar las grandes inercias de la sociedad actual, basadas en el imposible crecimiento continuo de la economía.

Pero el clima no entiende de cumbres políticas para escenificar las mejores intenciones, y así, mientras los medios de comunicación olvidan el problema -pues ya ha concluido París-, seguimos concatenando récords de temperaturas. Los climatólogos han dejado claro que no superar los dos grados de calentamiento es prácticamente imposible, teniendo en cuenta que ya llevamos un aumento sostenido de casi uno, y que el retardo climático es de unos 20 años. Es decir, que la temperatura actual todavía no refleja el pico de emisiones mundiales allá por 2005, antes del inicio de la crisis económica. Por otra parte, hay que recordar que el sistema de calentamiento climático se retroalimenta con procesos no reversibles, como la progresiva fusión de los hielos perpetuos, sobre todo el Ártico. Y que reducir las emisiones no implica disminuir la temperatura, sino minimizar su aumento progresivo, pues seguimos emitiendo más gases de efecto invernadero que la capacidad de absorción de los ecosistemas sumideros. Llegar a minimizarlas tanto como proponen los expertos, es decir descarbonizar la economía hasta llegar prácticamente a cero emisiones para 2050 -lo único que podría ser efectivo-, implica desarrollar a nivel mundial otro modelo de sociedad que no se base en el crecimiento, sino en la adaptabilidad a unas condiciones ecosistémicas sostenibles; una verdadera revolución que en absoluto se planteó en París. Por lo tanto, acordar que no se sobrepasen los dos grados, pero no hacer lo necesario para que exista alguna posibilidad de que se cumpla, acaba siendo un ejercicio de autoengaño y engaño colectivo que debemos denunciar.

Siendo esto así, lo que cabe esperar es un progresivo deterioro de nuestras sociedades, que necesitan el rendimiento óptimo de sus ecosistemas naturales de referencia, algo únicamente posible con la estabilidad climática que teníamos hace unas décadas. Es decir, el inicio del declive de nuestra civilización, que ha crecido exponencialmente en los 200 años de uso de combustibles fósiles, y especialmente en el último siglo de consumo intensivo del petróleo. Ante todo ello, poco más podemos esperar del actual sistema político que respuestas puntuales a catástrofes, generalmente poco eficientes frente a las sucesivas crisis ecológico-económicas a las que vamos a ir asistiendo, que vendrán emparejadas con sus correspondientes crisis sociopolíticas.

El hecho de que ningún partido de la esfera nacional -ni siquiera aquellos que han nacido del desencanto de nuestro país con el bipartidismo- se plantee con la seriedad necesaria el principal reto civilizatorio al que nos enfrentamos, que no es otro que el calentamiento global unido al progresivo acabamiento del llamado petróleo barato, nos demuestra hasta qué punto se ignora lo urgente. En este contexto, la «alarma social» no deberían generarla aquellos que demuestran con argumentos suficientes el estado actual de excepción climática, sino la comprobación de que los que tienen supuestamente el poder político no hacen absolutamente nada útil para afrontarlo.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine