10 de abril de 2016
10.04.2016

Negocios y otros mitos

10.04.2016 | 00:07
Negocios y otros mitos

Cuanto está ocurriendo es consecuencia del pavor al cambio político. En la economía valenciana predominan las medianas y pequeñas empresas, principales motores productivos para generar empleo. El problema no es la implantación de un nuevo casino-hotel Marigold „más parecido al hotel de los líos de los hermanos Marx„ en el recinto portuario de Valencia. Hay que zanjar la confusión entre lo público y lo privado. Se intenta un proyecto meditado y debatido para la dársena interior, conectado con la ciudad y vinculado al entorno del Cabanyal. La intentona de promover la Marina como zona comercial, con la pretensión de Barberá para convertirla en construible para viviendas, ya soliviantó a las tiendas de lujo del centro de la ciudad. ¿A qué negocios se quiere satisfacer y a qué precio? Más del 70 % del mercado bancario „frente al 50 % de 2008„, lo controlan cinco entidades: BBVA, Santander, Caixabanc (Banco de Valencia), Sabadell (CAM) y Bankia (Bancaja). ¿A qué negocios benefició el rescate bancario de 61.000 millones de euros con dinero de todos los españoles? ¿Privados o públicos?

La inquietud está subiendo de tono. Gran dosis de incertidumbre y el miedo a lo desconocido componen un cóctel difícil de asimilar para los grupos de presión. Las reiteradas insinuaciones del presidente del BBVA, Francisco González, ya desde la cumbre de Davos y las recientes declaraciones de Josep Oliu, desde la cúspide del Banco Sabadell, marcan una escalada de intromisiones en terreno político que no es prudente. González para mostrarse proclive a la gran coalición entre PP, PSOE y Ciudadanos de Albert Rivera. El presidente del Sabadell para pedir un gobierno «favorable a los negocios» y ambos en aras a la estabilidad gubernamental. El catedrático Carlos Sebastián, autor del libro «España estancada», lo ha dicho claro: «Las eléctricas, la banca o la construcción han medrado a la sombra del poder y a costa de nuestros bolsillos. Pero otras empresas españolas han conquistado el mundo sin su apoyo».

Portavoces empresariales reclaman «ley y orden», junto a esa entelequia de la seguridad jurídica y política, en la que muchos ciudadanos han dejado de creer. La corrupción a la valenciana es abyecta y ramplona. Los últimos gobiernos han hecho añicos la credibilidad de la honradez, que se supone necesaria para los servidores públicos. En el País Valenciano tenemos un doble lío entre las divergencias ideológicas y la asfixia financiera a la Generalitat, protagonizada por el PP de aquí. Así se ha provocado el enfrentamiento de las fuerzas vivas autóctonas con el gobierno en declive del PP capitaneado por Mariano Rajoy. Estrecha camaradería entre empresarios y el gobierno que preside Ximo Puig, en coalición con Compromís y con el apoyo de Podemos. De ahí el dilema: ¿lo que va bien en la Comunitat Valenciana por qué tiene que ser contraproducente para el resto del Estado español?

Nos movemos en tres frentes. Primero, el ideológico-social entre lo que se entiende por derecha e izquierda. Después el económico-financiero, que hace inviable la normalidad y la supervivencia de la autonomía por la beligerancia del poder central del Estado, aprovechando la debilidad política autóctona en las dos décadas de gobiernos del PP (Zaplana, Olivas, Camps y Fabra). Y en tercer lugar, la restauración de la normalidad institucional y desde la majestad de los principios en los que se ha de inspirar el gobierno autonómico. La tarea y la responsabilidad son abrumadoras. La Comunitat Valenciana tiene dificultades para superar la bancarrota en la que le han sumido los gobiernos del PP.
Es el principal problema. Alejado del supuesto contubernio de las fuerzas gobernantes, en Consell y Ayuntamiento de Valencia, para descartar la implantación de un complejo de hotel y casino en la dársena del Puerto. Proyecto inviable porque incumple la legislación española y valenciana. La algarabía se debe al hábito de tantos años actuando al margen de la ley y en connivencia con prácticas corruptas. Algunos emprendedores y políticos disidentes bendicen cualquier pretensión alegal, siempre que le llene a alguien los bolsillos. La hecatombe urbanística ha mermado para siempre el potencial ecológico y turístico de la Comunitat Valenciana. Un robo a la herencia que merecen las nuevas generaciones. El proyecto megalómano de la Ciudad de las Artes y las Ciencias (Olivas y Zaplana), el Ágora inútil (Camps), la Ciudad de la Luz (Zaplana), el aeropuerto sin aviones de Castelló (Fabra), el complejo de Terra Mítica (Zaplana), el proceso de privatización en la gestión de la sanidad pública, el despilfarro en la ampliación desmedida de Feria Valencia (Barberá, Zaplana y Alberto Catalá), entre otros sucesos con connotaciones delictivas, constituyen agresiones sociales que requieren justicia y reposición del dinero desviado a negocios particulares y privados.

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