20 de abril de 2016
20.04.2016

Consenso o alternancia

20.04.2016 | 04:15

Pedro Sánchez insiste en poder formar un gobierno de coalición. Lo tiene un poco difícil, la verdad. Ciudadanos hace o quiere hacer de puente entre el PSOE y el PP, pero bien es sabido que el líder socialista se niega a formar un tripartito con el PP. A su vez, un pacto entre PSOE, Ciudadanos y Podemos se antoja también difícil. Con este panorama nos vemos abocados a unas nuevas elecciones que seguramente, según las encuestas, dejarían el mapa político parecido al actual. Y es entonces cuando surge la pregunta del millón: ¿en ese supuesto, qué pasaría? Pues que si no ceden en sus pretensiones algunos partidos, estaríamos igual que ahora.

Hace unas semanas, el ministro Margallo proponía un acuerdo entre PP, PSOE y Ciudadanos para formar gobierno por un tiempo determinado. Claro, desde el PP se defiende el derecho a presidir dicho gobierno sencillamente porque las urnas les legitima a ello por ser el partido más votado.

Algunos dirigentes políticos reclaman una nueva transición, como ya ocurrió con los Pactos de la Moncloa en el año 1977. Entonces florecieron los acuerdos entre los partidos, especialmente en materia económica. Los firmantes, líderes de ideologías dispares, llegaron a un consenso para facilitar la buena convivencia de los españoles. Pero entonces el presidente del Gobierno era Adolfo Suárez y Felipe González no cuestionó su liderazgo en el gobierno, cosa diferente a lo que ocurre ahora, cuando Sánchez aspira a convertirse en jefe de gobierno, mientras Mariano Rajoy reclama ese mismo sillón por el mero hecho de sentirse ganador de las elecciones.

Si hay tantas dificultades para formar gobierno y los partidos políticos intentan evitar nuevas elecciones, existe una nueva vía que no es descabellada: la alternancia política en esta legislatura. En el siglo XlX, en el Pacto del Pardo, Cánovas y Sagasta llegaron a un acuerdo político, a un pacto de alternancia con el único propósito de superar los importantes asuntos y problemas de España. Eran rivales políticos, pero desde su posición entendieron que la alternancia no era una idea chavacana, más bien lo contrario. Desde su amistad personal, su respeto hacia el otro y sus ideas, alabaron tal decisión por el bien común que era España.

La alternancia política funcionaría cuando dejasen de discutir por los sillones y afloraran las ideas, los programas, los puntos de encuentro. Cuando está ausente el consenso político, la rivalidad entre partidos adquiere finalidades propias. Los partidos políticos defienden intereses de cara a su electorado, que ha depositado su voto de confianza, adoptando principios sociales y económicos nacidos en el seno de sus programas. La alternancia de los partidos políticos no excluye transformaciones cuando se ve roto el consenso en políticas esenciales. En el recuerdo de la alternancia en un país democrático se encuentrar el socialismo de Miterrand o el liberalismo de Margaret Thacher.
Pablo Iglesias defiende en su programa electoral el derecho de los catalanes a una consulta secesionista. Con esta premisa es más que suficiente para romper un posible acuerdo con el PSOE. El señor Iglesias debe rectificar su programa. Rectificar es de sabios y si no ahí está el ejemplo de Miterrant cuando en un primer momento, al inicio de la V República, se oponía a la política defensiva de Francia o incluso a la disuasión nuclear. Años más tarde tuvo que rectificar, y lo hizo a tiempo.

Un sector del PSOE mira con cierto recelo un posible pacto con Podemos, en especial con algunas políticas que llevan en su programa que les generan dudas e incertidumbres. Ante este panorama político, y los importantes asuntos de Estado a los que tienen que hacer frente, no resultaría tan disparatada una alternancia del PP y del PSOE en la Presidencia del Gobierno para esta legislatura. Una vez cumplida, que cada cual tire de su carro.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine