20 de abril de 2016
20.04.2016

Europa

20.04.2016 | 04:15

Europa se reúne; Europa se agita; Europa trasiega maletas y prebostes, azuza chóferes, apremia mucamos y asalta hospedajes opulentos entre selvas nórdicas; Europa organiza tambarrias memorables y cuchipandas opíparas con el aforo limitado y el disimulo de smoking. Europa finge urgencias cuando arrecia el griterío de las alambradas y los barrizales. Europa ensaya logomaquias, prestidigita falacias, vomita embustes y siembra vientos de cinismo. Europa, trasunto de marido español, finge ocupaciones para justificar ausencias. Europa conjura la perentoriedad con saraos en perspectiva y debates a la vista. Europa da largas a ciertas realidades para seguir no se sabe qué inercias. La pudorosa Europa sofoca insensibilidades que luego revientan entre bucolismos alpinos, brindis vergonzosos y acuerdos inmundos. Europa quiere nadar y guardar la ropa, convencer de una implicación que no siente, hacer el paripé y aprovechar la coyuntura para salir de casa y charlar con los amigotes. No acepta moralinas ni remordimientos, y en cuanto escucha que se acercan toma gabán y sombrero, calza guantes, cala chistera y manda enganchar.

El auriga, cómplice habitual y perito en calaveradas, ya sabe la dirección y fustiga con saña. El casino está preparado, las cartas precintadas, las fichas distribuidas, el croupier ansioso y el público expectante. Otra noche de juego, de vorágine y de bambolla; otra borrachera de palabras y grandilocuencias; otro espurreo de solidaridades; otro derroche de luces, de trajes, de muebles y de libreas. Europa monta una timba cuando la conciencia le muestra el drama fronterizo. Europa no quiere ver y baraja intensamente, nerviosamente, obsesivamente „hablamos luego, cariño, que ahora tengo un asunto inaplazable„; hay que salir de casa enseguida, agarrarse a las vueltas de la ruleta, fijar la vista en las cabriolas de los dados, hacer como que se hace, aplazar la conversación. Pero la noche fenece y la realidad se impone: toca volver, hacerse cargo, afrontar. Los gases lacrimógenos, los petardos y las mil ignominias han quedado en el oscuro intemporal de la francachela. Es tiempo de aguantar los reproches y enmendarse; de recuperar la dignidad perdida en los campamentos de refugiados; de trabajar en algo de verdad para que la mentira no nos devore.

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