07 de mayo de 2016
07.05.2016

Tendencias suicidas

07.05.2016 | 04:15

A las puertas de cumplirse un año tras las elecciones municipales y autonómicas de 2015, donde en la mayoría de los ayuntamientos de nuestro país, y en la propia Generalitat Valenciana se produjeron cambios políticos, tan importantes como históricos, no nos cabe más que congratularnos y expresar nuestra satisfacción de sentirnos parte de esa transformación social cuando solicitamos el voto para aquellas formaciones políticas que han estado al lado de las reivindicaciones vecinales.

En efecto, en este breve período de tiempo, hemos sido desbordados ppor intensas y continuas reuniones a petición de distintas consellerías (ni qué decir en el ámbito local) que han superado con creces el número de convocatorias durante más de veinte años de la administración anterior. Cierto es que ha sido desigual, decepcionantemente desigual, entre los distintos departamentos y áreas autonómicas, y entre los distintos y diferentes servicios municipales a lo largo y ancho de nuestra geografía.

Nos inquietan determinadas orientaciones que desde los entes locales y autonómicos empiezan a despuntarse respecto a la participación ciudadana. Si tuviera que citar a personas profesionales en Sociología, Historia o Ciencias Políticas, que han editado estudios y ensayos sobre participación ciudadana, no acabaría el presente artículo. Y qué casualidad que, en su abrumadora mayoría, inciden en el bajísimo nivel participativo de nuestra población, uno de los más bajos de Europa, y un grave problema para las formaciones políticas, sindicales y cómo no, vecinales. Creer, ahora, en la participación espontánea de la ciudadanía es una ilusión, una quimera, un engaño, como la revolución permanente de Trotsky. Una tendencia de frusración.

Frente a ello, se debería impulsar los valores del asociacionismo en todos sus niveles y facetas. Conseguir, fomentar y estimular que las asociaciones vecinales sean el cauce de la participación ciudadana vecinal. Invertir los términos conlleva a considerar la votación popular en un fin, y no lo es, porque la participación ciudadana consiste en la presentación de proyectos y propuestas, tanto de las administraciones públicas como entidades ciudadanas, el debate, la negociación y el acuerdo. Participar en todos los asuntos y servicios públicos, no en los que quiera la entidad local o autonómica que participemos. No nos vale que seamos oídos y después los servicios técnicos y políticos decidan y pasen a consulta popular. Son tendencias suicidas, que sólo conseguirán el fiasco. Estamos a tiempo de corregir y enderezar el camino. Queremos participar porque tenemos derecho a cogestionar.

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