11 de mayo de 2016
11.05.2016

Un nuevo 15M

11.05.2016 | 04:15

El próximo domingo tendrá lugar el quinto aniversario del 15M, aquel día de la primavera de 2011 en el que los ciudadanos indignados decidieron tomar las plazas de muchas ciudades por todo el Estado español. En aquel tiempo, lo que antes se llamaba pueblo, la gente de ahora, decidió pasar de las manifestaciones de horario restringido a la ocupación de las plazas sin fecha de caducidad. Las circunstancias que motivaron la primavera valenciana o la acampada de Sol no fueron muy distintas de las que ahora nos oprimen: el paro exacerbado „todavía muy presente„, la corrupción de los políticos „ahora en manos de la justicia„, la duda de que los partidos realmente nos representen –ahora con nuevas formaciones nacidas de todo aquello- y, sobre todo, un hartazgo generalizado por la mala gestión de la cosa pública –como ahora, que no se aclaran ni para formar gobierno.

Fue un tiempo necesariamente breve en el que la gente, ajena a partidos políticos o sindicatos, se autoorganizó en comisiones de comunicación, cocina, limpieza, debates€ Todo se acordaba en las asambleas, a ser posible por unanimidad, a través de una nueva forma de asentimiento o aplauso silencioso: alzando las manos abiertas y girando las muñecas. Y así resistieron unas tres semanas, en lo que ha sido la reivindicación más espontánea y extensa en el espacio público de los últimos tiempos.

Han pasado desde entonces cinco años y un duro gobierno del PP con sus malas leyes y su corrupción, que ha puesto todavía más a los trabajadores a expensas de un neoliberalismo que no ha hecho sino crecer, al igual que la deuda. Entre tanto, han surgido nuevos actores políticos y crecido otros a la luz de dicha indignación, sin acabar de concretarse realmente el afán de participación lo más directa posible que los indignados reclamaban. Esa gente, los indignados, que representan sólo una parte, frente a esos otros que han querido que el PP siga siendo el partido más votado en las últimas elecciones infructuosas.

Quizás sea ya tiempo de volver a las plazas, o quizás todavía no, y debamos esperar, no sin un cierto desánimo, a ver si los partidos saben agruparse por encima de sus egos individuales, y atendiendo a los idearios por las que les votamos, no por el simple hecho de poder gobernar sin excesivas molestias. Mientras, y para celebrar el aniversario, yo sería partidario de recordar el gesto del chico aquel, que se encaramó al muro del Ayuntamiento de Valencia para rebautizar la plaza con el esperanzador nombre de Plaza del 15M. Y lo recordaría cambiándolo de verdad, para celebrar uno de los gestos más espontáneos e ilusionantes de nuestra historia política reciente.

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