27 de mayo de 2016
27.05.2016

El curioseo como plaga

27.05.2016 | 04:15

El fantasma de la degradación juvenil tiene muchas caras, y se aparece al mismo tiempo en vericuetos muy distintos, el último de los cuales ha sido el descubrimiento sociológico de que informar sobre los peligros de las drogas, lejos de producir alarma, es motivo de todo lo contrario. Según acreditadas investigaciones, cuando ciertos adolescentes asisten a las típicas charlas donde unos expertos pintan sin ambages las ponzoñas y calamidades de los alucinógenos y los estupefacientes, no experimentan rechazo sino atracción.

Parece que demasiados cerebros púberes van deviniendo pedregales donde sólo crecen la ignorancia, la credulidad, la vulgaridad, la desidia y el materialismo, vegetación de hoja escuálida y raíz inútil para la nutrición y para la oxigenación; que se van convirtiendo en cerebros indigentes con una sola gaveta para cada concepto, de manera que los avisos contra la descalabradura de las drogas van a la misma en que guardaron el falso relieve social y la diversión falaz relacionados con ellas. En otras palabras: que los chavales oyen hablar de droga y empiezan a reírse, a darse codazos, a guiñar el ojo y a componer muecas estereotipadas. Da lo mismo que la drogadicción haya venido a cuento para bien o para mal, para divertirles o para horrorizarles, porque tienen mermada la función perceptiva. Su idea de la droga está hecha de majaderías y lugares comunes, y encima la guardan en un minúsculo cajoncito del que han perdido la llave. Por eso la prevención se les vuelve invitación; estimula su curiosidad lo que habría de generarles aversión; por eso toman el rábano por las hojas y descolocan al conferenciante, que observa cómo su arenga provoca sonrisa, hilaridad y hasta euforia en los oyentes, aturdidos por simplicidades y no están preparados para las complejidades, que han crecido abandonados al instinto y son incapaces de dominarse, que no han tenido guías y han seguido a extraños, que se tapan los oídos con auriculares y los ojos con pantallas, que les muestran los estragos de la droga y quieren probarla.

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