08 de junio de 2016
08.06.2016
Espacio abierto

El feminario maldito

08.06.2016 | 08:25
El feminario maldito

Hace tiempo que no asistía a una fiesta tan apasionante como el «Feminario. I Congreso Valencia: Claves feministas para retos actuales». Sí, fiesta, porque aquello acontecido en La Petxina entre el 3 y 4 de junio devino en una suerte de ágora jubilosa plagada de mujeres dionisiacas, aguerridas, diversas y que, aun sin compartir su visión de lo femenino milimétricamente, asumen el desafío que supone juntarse para pensar, dialogar, empoderarse.

Como bien recordaba Amelia Valcárcel, «el feminismo es el único movimiento que jamás ha causado daño al contrario. Jamás ha hecho mal a ningún grupo humano, algo tan extraño dentro de los grandes movimientos que es un caso realmente extraordinario». Las „y los„ feministas no somos vecinos apetitosos, decía la maestra Valcárcel, pues, sin duda alguna, el ayer histórico „y también el hoy„ se caracteriza por un rígido patriarcado en donde la libertad de las mujeres acaba conquistándose a codazos, por decirlo así, algo que precisa valentía, perseverancia y episteme. La raíz de los prejuicios contra el feminismo radica en la ignorancia, pues, aunque pueda haber una vindicación espontánea de los derechos y libertades de las mujeres, la carga teórica, reflexiva y analítica pesa mucho „por fortuna„ en los diversos movimientos feministas. De modo que el feminismo piensa, siente, exige con rigor intelectual. Despreciar el feminismo resulta a fin de cuentas un ataque a la libertad y a la propia democracia, una humillación moral a lo específicamente humano, la perpetuación de estereotipos que maltratan la libertad y cosifican a la mujer, reducida a otredad.

Rosa María Rodríguez Magda aportó datos muy contundentes: 31 millones de niñas siguen sin escolarizar, según la Unesco; la representación femenina en los videojuegos no llega al 17%; la presencia de mujeres en los libros de texto escolares se hace más irrelevante cuanto más elevamos la etapa académica. Que las mujeres sean visibles en el pensamiento común parece un reto necesario, pues ¿logragrán acceder al poder esas niñas educadas en desigualdad? Compartió aquella idea sobre el poder de Valcárcel: si el poder corrompe, no tenerlo corrompe mucho más. En la misma sintonía, Ana de Miguel „autora de Neoliberalismo sexual: el mito de la libre elección (Cátedra)„, puso en alerta al personal: hay una escuela de desigualdad enorme, más todavía cuando los chicos aprenden la sexualidad desde la pornografía. Así pues, teniendo en cuenta esto „y que las prácticas sexuales se ponen en el centro de nuestra vida por múltiples empresas partidistas„ sabemos que, en contra de quienes aseguran que ya hay igualdad entre hombres y mujeres, lo cierto es que la realidad inmediata corrobora la idea contraria. Aun habiendo ganado no pocas batallas morales y legales, ¡queda muchísimo por hacer!

Hay que recordar que los logros conseguidos no surgen por generación espontánea: mujeres que pensaron y sueñan en otro mundo posible, esas son las autoras de esta conciencia cívica feminista. Otras y otros, por cierto, gozan con esas contiendas feministas, disfrutando „eso sí„ de aquello conseguido gracias a esas mujeres que reniegan de una existencia sumisa. Paradójico, desde luego: votan y trabajan y son libres por mor de historias de mujeres abanderadas, pero, lejos de estimarlas y reivindicarlas, disponen de sus frutos pero reniegan de la valiente lucha. El Feminario dio protagonismo a las feministas de hoy: Purificación Causapié, Elena Valenciano, Carmen Calvo y tantas otras. No podía faltar a la cita mi admirada Carmen Alborch, a quien resulta difícil definir en un solo término habida cuenta de su riqueza existencial: pensadora, activista, ciudadana, escritora, oradora, sabia... En fin: Alborch es la alegría de vivir siguiendo el conatus del querer ser de Spinoza, y sanseacabó. Ella insiste en que «el feminismo debería ser patrimonio de la humanidad». Y claro, en cierto modo, este tipo de declaraciones y su testimonio transgresor acaban convirtiéndola en una mujer maldita. Tan maldita como todas las allí reunidas: pensando, organizándose, sonriendo al mundo y promoviendo alternativas por un mundo mejor... ¡Habrase visto! Así lógica la inquina contra este Feminario maldito.

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