10 de junio de 2016
10.06.2016

Cardenal de primera

10.06.2016 | 04:15
Cardenal de primera

Me asombra ese respeto tan poco imparcial que tienen algunos -los mismos de siempre- ante palabras o frases dichas en un contexto adecuado y que recogen el magisterio de la iglesia.

Le vuelve a pasar a nuestro cardenal, Antonio Cañizares, poniéndolo a caer de un burro con ataques sistemáticos y coordinados para así intentar impedir que nadie se salga de la ortodoxia que los atacantes han establecido, y por aquello de que «si logramos acallar al que está al frente de la Iglesia nadie mas se atreverá a decir nada y así el que calla otorga».

Difícil lo tiene el tripartito con este prohombre de la Iglesia y de Valencia que, aunque pequeñito, es recio como una roca y se sabe muy bien la doctrina de la Iglesia, o lo que es lo mismo lo que dice la Iglesia sobre temas teológicos, sociales, de moral, etc.

Si un Pastor de la Iglesia no debe predicar en su ámbito y en foros adecuados lo que la Iglesia dice, es que nos hemos vuelto locos. Si además todo lo basamos en que somos los que tenemos el copright del Papa Francisco y nos apoyamos en él, a pesar de no haber leído ninguno de sus escritos, para dar marchamos de calidad, es que la locura es de encierro.

Estuve el jueves 26 de mayo en las Cortes cuando el portavoz de Compromis le hizo una pregunta fuera de lugar y absurda a Ximo Puig, presidente de la Generalitat Valenciana con el peor resultado de la historia del PSOE. Y este señor, que si tuviera vergüenza torera se hubiera ido a casa después de las elecciones asumiendo su derrota, se permite perorar, de manera poco o nada edificante, contra el Cardenal al que no le llega ni a la suela de sus zapatos, dando clases de no se sabe qué. El mismo formulante de la pregunta ya se pasó un rato largo con sus fobias a rastras. Me dió tanta pena el paripé que habían montado entre ambos dos, que me salí del hemiciclo por no ser espectador de tamaña afrenta.

Son momentos recios para quien está dispuesto a aguantar el chaparrón de no dejarse llevar por la corriente ideologizante e izquierdista de los gobernantes. Difícil está hacerse señalar por decir o ir en contra de las huecas, falsas y tendenciosas ideas dominantes. Lo fácil y cómodo es el dejarse arrastrar y validar todo lo de la idelogía de género, aunque eso lleve consigo el remate final por fin de existencias, que es lo que en realidad pretenden los del género: que la familia no la conozca ni la madre o padre o tribu que la parió, porque a río revuelto ganancia de los pescadores del desastre.

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