13 de junio de 2016
13.06.2016

Font de Mora, dimissió

13.06.2016 | 04:15
Font de Mora, dimissió

Decían Aristóteles y el nobel Ed Fischer que la curiosidad está muy bien y es necesaria. Quizá les faltó añadir, como hizo Platón, que la curiosidad es como un tomate seco o un pene en remojo: necesitan el estímulo de la perplejidad para despertar al deseo. Sea lo que fuere, debe ser la curiosidad, despertada por el asombro, lo que anima el deseo en el PP de celebrar aquí con motivo de la campaña electoral un cónclave o cumbre sobre «las malas prácticas de los gobiernos de izquierda». Lo cierto es que, pudiendo celebrar un master sobre las malas prácticas de los gobiernos de la derecha y ejercer así un magisterio en el que son expertos, les mueve más el deseo de saber e investigar lo por venir, mucho más que el de exponer lo sabido. Sin embargo, nada mejor que un negro experto en racismo para hablar del racismo: se sabe la teoría y la padece. Que esa cumbre la celebren aquí no sé si está fuera de lugar o en territorio amigo, en todo caso parece un sarcasmo: como celebrar unos cursillos espirituales en un bingo, amenizados por la banda «El eje de la prosperidad» con su vocalista Rita la Cantaora. Bienvenidos a la Feria de Muestras.

¿Y de qué van a tratar en esa cumbre sobre las malas prácticas de los gobiernos de izquierda los cursillistas y profesores de las buenas prácticas de los gobiernos de la derecha que hemos padecido en los últimos veinte años y de los que todavía humean los rescoldos como en el cementerio de neumáticos de Seseña? Pues, por ejemplo, de la política educativa. Han encontrado un terreno tan fértil como el de la batalla de Valencia y van a cultivarlo hasta agotar los acuíferos. Las becas, los inexistentes recortes a la escuela privada o las prácticas sanitarias de las universidades privadas, les tienen tots a una veu gritándole a Vicent Marzà Font de Mora dimissió. El tema de las prácticas es el más reciente y les permite, además, enarbolar la bandera de la igualdad junto al banderín de enganche de la libertad. Palabras mayores y paraguas enormes. Lo cierto es, sin embargo, que fueron los malas prácticas de los gobiernos de Camps las que inflaron la burbuja sanitaria concediendo permisos de docencia sin que se cumplieran los requisitos previos para las prácticas necesarias: los hospitales donde realizarlas. Algo así como si uno pidiera licencia para montar una facultad de químicas y no le exigieran contar con laboratorios. Perdonen la amalgama y la sopa de letras que tengo en la cabeza, pero ¿pueden o deben funcionarios públicos, en centros públicos, en los horarios de su jornada laboral pública dedicarse a la docencia privada? ¡Cómo son los neoliberales! Font de Mora dimissió.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine