15 de junio de 2016
15.06.2016

¿Qué vais a hacer con mi voto?

15.06.2016 | 00:25
¿Qué vais a hacer con mi voto?

Tras las elecciones, para el votante impávido la ensalada de reuniones, secretas o no, propuestas y exigencias y posibles pactos entre los representantes políticos surgidos de las urnas constituye una imagen confusa y terrible que le hace pensar ¿Dónde ha ido mi voto?
Una situación como la que precedía al 20 de diciembre pasado daba pistas sobre lo que constituía en ese momento la vida política que estaba adornada de escándalos, prepotencias, cinismos y solamente un poco de esperanza que había animado al humilde ciudadano a plantearse muy cuidadosamente su elección: ¿a quine votar? Y sobre todo, ¿a quién no votar de ningún modo? Porque no es verdad lo que se suele repetir por los más tibios e inconscientes votantes cuando dicen aquello de que «todos son iguales». No. No todos son iguales, sin duda, aunque cualquiera puede, desde sus diferencias, convertirse en un pícaro. Ese calificativo tiene en nuestro lenguaje una connotación simpática; parece que el pícaro es inteligente, y sobre todo pobre, suele además ser víctima de injusticias entre las que intenta sobrevivir con su picardía. El corrupto no es el pícaro, puesto que entre ambos existe la diferencia de que mientras que uno de ellos es un sobreviviente, el otro es un abusador de privilegios que a nadie se ha concedido. La corrupción no es solo latrocinio sino, sobre todo, abusador de poder con expectativas de impunidad. ¡Pobre pícaro!

No todos son iguales porque entre las diversas opciones existe una diferenciación de puntos de partida. Un estudio de las diferencias podría hacerse mediante un análisis sistémico de los planteamientos políticos: ¿qué tienen en común los diferentes partidos para poder llegar a acuerdos que les permitan pactar una convivencia que dure una legislatura? Necesitamos usar una alegoría ideológica-teológica para aclarar cuál podría ser el método de análisis. Por ejemplo, si nos preguntamos cómo es la estructura ideológica de alguien que sea hoy día miembro de alguna agrupación religiosa consolidada, por ejemplo los llamados kicos o el Opus Dei, etcéera.

Pues bien: 1ª, no tendría sentido pertenecer a esa organización no siendo, previamente católico; 2ª, carecería de sentido afirmarse de católico si no se fuera previamente cristiano; y 3ª, no tendría sentido todo lo anterior siendo ateo o agnóstico, pues evidentemente sería necesario antes que nada ser un ferviente creyente convencido. Es decir, que la pertenencia en la adscripción a una determinada agrupación religiosa supondría que en cierta forma deberían ser asumidas, como en cascada otras posiciones que fundamenten la fe del adscrito. Seguramente otras confesiones y credos tendrían una estructura parecida y algunas de ellas podrían tener en común alguna de las categorías de la base de esa cascada.

En las adscripciones políticas cabría realizar un análisis parecido, pues diferentes adscripciones que coincidieran en varias de las categorías básicas podrían, basándose en ellas, configurar las piedras angulares de los acuerdos y pactos. Dejando aparte las circunstancias que prefiero ignorar de momento referidas a la corrupción „aunque ese telón de fondo puede y debe ser un elemento de referencia trascendental„ ¿cuáles son las definiciones en cascada de los partidos antagonistas y cuales sus elementos comunes? ¿Cuáles son las afinidades de los partidos que puedan pactar y convertirse en socios de legislatura?

Consideremos solamente, para simplificar, dos partidos imaginarios que llamaremos conservador o de derechas y progresista o de izquierdas como modelos de los extremos discrepantes. Los matices, que los imagine el lector. Veamos cuáles son las estructuras que ha sobrepasado histórica e ideológicamente el partido conservador. Primero, el éxito de la macroeconomía es la base del diseño de su política, el mercado posee mecanismos para que todo llegue a su equilibrio, la iniciativa privada es la más eficaz. Segundo, el político conservador tuvo que reconocerse previamente como liberal en el sentido que esa palabra tenía al final del siglo XIX, cuando un famosos librito se hizo muy famoso (El liberalismo es pecado, Félix Sardá y Salvany en 1884) y que descalificaba a ese posicionamiento ideológico como casi demoníaco. Marañón, en sus Ensayos liberales (1945) definía la liberal como una postura intelectual tolerante, en el sentido en que un liberal estaba dispuesto, en principio, a aceptar las ideas de sus contrincantes ideológicos si eran capaces de argumentar adecuadamente.

Un conservador honesto (de los otros no nos interesa hablar aquí) debería ser previamente liberal en ese antiguo sentido, aunque ese pensamiento estuviera perseguido por la iglesia hace poco más de un siglo; el liberalismo es, en realidad, lo que justifica el carácter y la forma democrática en la manera de hacer política. El liberalismo no tendría sentido si no aceptara la condición de que el ser humano es poseedor de derechos inalienables (1798) lo que fue la mayor conquista intelectual de la historia de la política que nos aportó la Revolución Francesa. Si bien, los conceptos de libertad, igualdad y fraternidad (hoy le hemos llamado solidaridad) desgraciadamente no son categorías absolutas, pues conservadores y progresistas atribuyen mayor peso relativo a unas o a otras en sus planteamientos. Y esa es una diferencia de base que haría imposible los pactos leales entre conservadores y progresistas.

Así pues, siguiendo el mismo análisis, los partidos progresistas (aunque pueda entre los que existen presentarse diferencias programáticas aparentemente insoslayables) tendrían todos en común una aceptación de su carácter liberal-demócrata y defensor de los derechos cuidadnos. Los partidos progresistas llegan a aceptar las tres categorías de la Revolución Francesa con igual peso relativo: no debería predominar la libertad (y sobre todo la económica) sobre la igualdad ni la solidaridad. Esa raíz sí resulta diferenciadora de fondo entre lo conservador y lo progresista. Los pactos entre derecha e izquierda son conceptualmente imposibles sin traicionar a sus propias ideologías ni al compromiso con nosotros, los votantes.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine