18 de junio de 2016
18.06.2016

Vuelos

18.06.2016 | 04:15
Vuelos

Vamos camino del inicio del verano, que es sinónimo de vacaciones y de viajes, a pesar de que los viajes de placer son apenas poco más de la mitad del turismo mundial. Por mucho que diga la Real Academia de la Lengua, viajar por otros motivos también es turismo. El 54 % de esos viajes ya se hacen en avión.

Como en los cuentos, érase una vez, hace muchísimos años, incluso en el siglo pasado, que estaba yo esperando mi bautismo aéreo,
un vuelo desde Barcelona a Bruselas. Abro unas actas de congreso en una página al azar: «Análisis de accidentes aéreos con respecto a la circulación atmosférica». El estudio revelaba un incremento de accidentes en aviones militares con una circulación del nordeste. Las malas condiciones atmosféricas han tenido influencia en importantes accidentes incluyendo el triste récord mundial, los dos Boeing 747 que en 1977 chocaron en el aeropuerto de los Rodeos, Tenerife Norte.

Entre otros factores, la densa niebla fue determinante. También la visibilidad afectó al vuelo 152 en Medan, Indonesia, 1977, y, acompañada de lluvia, al 676 en Taiwán, 1998. La inestabilidad con aire ascendente y turbulencias no son buenas compañeras de viaje, como demostraron el vuelo 447 entre Río y París en 2009; el vuelo 801 en Guam, 1997, o el 9646 en La Habana, estos dos últimos también afectados por el viento. El fuerte viento obligó en 1977 a desviar un Boeing 707 con peregrinos musulmanes procedentes de Arabia Saudí desde su destino inicial de Lagos, Nigeria, a Kano, donde se estrelló. La nieve influyó en los accidentes en Gander, Canadá, 1985, y Kerman, Irán, 2003, y el suelo mojado en el fatal aterrizaje del vuelo 3504 en São Paulo. Encima mi vuelo se retrasó por una impresionante tormenta.
¿La columna les ha dejado mal cuerpo? Tranquilos, solo fue un mal presagio: mi bautismo aéreo fue bien.

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