26 de junio de 2016
26.06.2016

La seguridad perdida

26.06.2016 | 04:15
La seguridad perdida

Vivimos inseguramente el fallo de las urnas. Las crisis provocan incertidumbre. No salen gratis ni a los poderosos. Los valencianos -- que carecemos de burguesía y de cumbres económicas-- hemos comprobado desorientación entre los empresarios. En nuestro caso la mirada, fija a la diestra, ha derivado en artrosis polivalente. Comprobado que el gobierno plural de Ximo Puig es la opción para los próximos tres años ¿Qué hacer después de vaticinar que no pasaba de enero? ¿Por qué se empeñan en que el Consell se descompondrá cuando llegue septiembre? La inseguridad ha traído inestabilidad a la hora de homologar acciones y actitudes de antaño.

La burguesía catalana, tras la debacle de CiU, „incluida la opción de Unió Democràtica de Durán Lleida y Josep Sánchez Llibre„, siente el vértigo de la inseguridad y de su desconexión en la política española, donde carece de marca con la que homologarse. Joaquim Gay de Montellà, presidente de la gran patronal catalana Foment, se ha quedado sin lobby madrileño. Sufre un ataque de tortícolis y tiende a inclinarse hacia la derecha. Previa a la campaña electoral la reunión tradicional del Cercle d´Economia en Sitges, a finales de mayo, confirmó esta querencia. La conclusión del cónclave que preside el catedrático, Antón Costas, fue, de cara al 26-J, que gobierne el partido más votado, con los apoyos necesarios para alcanzar mayoría absoluta o si no es posible, en solitario y en minoría. A la medida del PP. Artur Mas, se presentó inesperadamente por los pasillos del encuentro, al que fueron todos los líderes de los principales partidos. El expresidente soberanista de la Generalitat deambuló lanzando miradas recriminatorias, sin respuesta entre los que tuvieron abiertas las puertas de su despacho en su etapa presidencial.

Están de moda los corredores para transportar personas y mercancías. Son pasarelas ferroviarias que permiten llegar rápida y puntualmente a destino. Los disidentes llevan varias décadas empeñados en mejorar las infraestructuras en el País Valenciano. Huérfanos de financiación y de inversiones de la administración central, no hemos superado la red radial de carreteras y trenes. Nada más negativo para el pueblo valenciano que se ha dejado seducir por las ventajas de venir rápido de Madrid a Valencia y Alicante, cuando lo que interesaba era mandar nuestros productos a Catalunya y al resto de Europa, donde están nuestros clientes. Ximo Puig ha sumado a la presidenta andaluza, Susana Díaz, para la causa en Almería y en el último momento. Ahora no hay dinero ni voluntad política. El fracaso genera indignación.

El País Valenciano está por hacer en infraestructuras y logística. Mal endémico mientras no se resuelva la carencia de presión política. En la campaña electoral se recrudece la polémica. Las inversiones destinadas por el Gobierno Rajoy a infraestructuras para el Puerto de Barcelona frente al abandono que padece el Puerto de Valencia. ¿Éste anuncio tiene intencionalidad electoral? ¿Las inversiones en Barcelona pueden paliar el descalabro del Partido Popular en Catalunya? ¿El lobby empresarial catalán compensará, con apoyos al PP, la mejora de las infraestructuras portuarias? ¿Qué rentabilidad política puede alimentar el victimismo valenciano contra Catalunya?

El futuro de la Comunitat Valenciana y de Catalunya, piezas clave del Arco Mediterráneo, pasa por sus conexiones exteriores. Su intercomunicación habría conseguido impulsar el crecimiento y el desarrollo en una parte airada de España. Otro torpe error. Se habla de los corredores ferroviarios proyectados en territorio español. El Eje Cantábrico que ocupa a Aurelio Martínez, presidente de la Autoridad Portuaria de Valencia y al conseller de Economia, Rafael Climent. El Corredor aragonés de Sagunt a Canfranc, el Eje Central que conecte Algeciras con Francia por los Pirineos, el Corredor portugués con el que los vecinos del oeste reclaman su salto del puerto de Sintes al resto de Europa, la Y griega vasca que no quiere ser menos o el Corredor Gallego que abra la salida del «finisterre» septentrional a los mercados continentales. Habrá que priorizar con criterios de escasez de recursos. El Eje Mediterráneo es estratégico hasta para el presidente estadounidense, Barak Obama y es decisivo para los valencianos. ¿Saldrían más coches de Ford hacia Europa con infraestructuras ferroviarias decentes? ¿Por qué se instaló Ford en Almussafes e IBM en Pobla de Vallbona en la década de 1970? ¿Por qué coincidió con la construcción de la Autopista del Mediterráneo, financiada por el Banco Mundial? ¿Por qué las prensas de Ford pueden estampar acero diez veces más grueso que el de un coche?

Los valencianos vivimos circunstancias adversas y tendremos que espabilar para sobrevivir. La semana que viene, aunque hubiera Gobierno, seguiremos con el mismo paro, con tensiones de financiación, con la dolorosa sangría migratoria de los mejores y sin estabilidad. Hace tiempo que nos indigna el fantasma del Corredor Mediterráneo, por el déficit de inversiones y por los agravios comparativos. Los desequilibrios los pagarán las nuevas generaciones con su futuro.

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