30 de junio de 2016
30.06.2016

Invasión lingüística

30.06.2016 | 04:15

Somos muchos los que aprendimos a utilizar correctamente el castellano gracias a las lecciones de Lázaro Carreter, quien, con sus artículos en prensa, libros de texto y publicaciones como el Dardo en la palaba, dignificó el castellano. Combatió los extranjerismos innecesarios que mayoritariamente procedían del inglés. El agua fresca de una fuente de la montaña es pura, el castellano o el valenciano auténticos suenan mejor. Si nos vamos relajando en el uso de los idiomas al final nos contaminamos tanto que perdemos nuestra identidad. Dignificar la lengua es obligación especial de docentes y periodistas. Nuestro ejemplo es la mejor enseñanza a los demás.

Hace bastantes años me dedicaba a practicar footing hasta que un buen día me di cuenta que salía a correr. Actualmente algunos de los que corren se autoproclaman runners tarde o temprano aceptarán que son corredores. Me parece fantástico que dominemos el inglés, lastre para los de mi generación, pero me resulta ridículo que hablemos mal nuestra lengua, joya lingüística de la humanidad. Cuando estudiamos inglés nos gusta aprender los modismos típicos de la lengua de Shakespeare pero si hablamos la lengua cervantina es preferible utilizar nuestras expresiones genuinas. Existe un evidente complejo de inferioridad extendido en quienes utilizan palabras de otros idiomas que consideran superiores a las nuestras. Los anglicismos se utilizan en el trabajo por esnobismo. De esta forma el asap es meterte muchísima prisa con un trabajo, «de hoy para ayer». Si usted habla de proyectos brifea. El equipo asesor a dirección es el staff y por si no lo sabía cascadear es mandar algún marrón a los empleados. También se escucha mucho el win win, todos ganamos. Si le hacen un spolier ya sabe que mejor no ver la película pues le han desvelado el final. Nos contagiamos palabras por auténtico desinterés hacia lo nuestro, si esto ocurre en castellano imaginemos lo que pasará con el valenciano. Algunos defienden los anglicismos como una homogeneización natural del lenguaje. O sea que sobran lenguas en el mundo. Lo malo será cuando también sobren opiniones y personas.

Recientemente han saltado al ruedo en el ámbito periodístico y político extranjerismos rocambolescos. Como una ola ha irrumpido el italianismo sorpasso sustituyendo a avance o adelanto. Hete aquí que nos encontramos con una palabra que recupera las dos eses que perdió el castellano en el siglo XVIII. No contentos con ello, de golpe y porrazo, hace acto de presencia en nuestras vidas el brexit, acrónimo formado a partir de Britain y exit.¿No sería mejor hablar de la salida de Gran Bretaña? Si se manifiesta gente delante de su domicilio o puesto de trabajo intentando denunciarle, presionarle o ridiculizarle ya saben que le han hecho un escrache, palabra no admitida por la Academia. Otra perla que ronda las tertulias sobre economía es el austericidio, palabra que no existe en el diccionario y que quiere intentar decir que eliminemos la austeridad. El ámbito académico no está exento de la invasión de anglicismos. A los profesores se nos recomienda que cambiemos de metodología y hagamos flipped classroom (clase invertida) o que la gamificación es la panacea en la enseñanza, es decir el juego. A nuestros alumnos les tenemos que enseñar jugando. Nos encaminamos a juguetear en la escuela.

Existen formas de atentar contra la cultura, unas son terribles como las que ejecutan los fanáticos destruyendo templos de hace tres mil años, otras formas de acabar con la diversidad cultural son más sutiles, por ignorancia tienen muchos seguidores.

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