01 de julio de 2016
01.07.2016

¡Quién fuera animal!

01.07.2016 | 04:15
¡Quién fuera animal!

Todos los grupos de las Cortes han aprobado iniciar los trámites para prohibir la existencia de animales en los circos porque es muy malo para ellos vivir y ser tratados de esa manera.

La verdad es que nadie les ha preguntado a esos animales si están más a gusto con la rutina diaria del circo, con la satisfacción de tener una vida ordenada y una comida segura o bien prefieren el riesgo diario de tener que buscarse la comida, coger enfermedades y estar a expensas de que un depredador mas fuerte que ellos se los lleve por delante en cualquier momento.

A esos animales nadie les ha preguntado porque logicamente no pueden responder. Pero claro, a nosotros nos preocupa y molesta, de resultas de nuestra gran sensibilidad, ver como son constreñidos y forzados a hacer cosas tan «contra natura», como es saltar por un aro o actuar sin desgarrar o atacar a su cuidador.

Esa hipersensibilidad con los animales debido a esas ideas que existen en el ambiente, nos lleva a prohibiciones como estas de impedir que puedan haber animales en cautividad porque se estresan, sufren y cosas por el estilo y no nos llevan a impedir que exista la prostitución o que haya gente trabajando en las minas, o en una obra al aire libre en verano, con el sol en su cénit, arriesgando y perjudicando su salud.
En que quedamos, ¿es más importante la salud y el bienestar de cualquier animal que la del ser humano?.

Y eso sin contar que la preocupación tan a flor de piel que tenemos con los animales (también ahora con las vaquillas y toros bravos) no la tenemos con los miles de no nacidos ya fecundados y con su alma a rastras, ni muchas veces con nuestros mayores dejados al albur en cualquier almacen de viejos y sin que les dediquemos un mínimo de atención y cariño.

De hecho después del verano nuestra atención y sensibilidad con los mayores va a llevar a las Cortes a aprobar una ley de «muerte asistida» o eutanasia, con la que se abrirá el portillo para quitarnos de enmedio los estorbos o engorros que puedan ser nuestros padres o familiares «estropeados» con el eufemismo de que no sufran y todo ello fruto de nuestro egoismo, en la línea de la más pura eugenesia hitleriana, para así convertirnos en pequeños dioses que deciden sobre la vida de los que nos la complican a nosotros.
No, ¡si al final va a ser más rentable ser animal!.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine