03 de julio de 2016
03.07.2016

Después del 26J

03.07.2016 | 04:15
Después del 26J

Empezamos asumiendo una realidad: los resultados electorales de A la Valenciana (y de Unidos Podemos) no han sido buenos y no han sido los esperados, no hemos logrado suscitar la misma ilusión del 20D. Y los motivos están todavía por determinar pero ya hay hipótesis de todos los colores, todas inciertas: la campaña del miedo, el arrinconamiento en un margen del tablero, el desgaste por las negociaciones posteriores al 20D, la falta de movilización del voto juvenil y urbano, las interferencias entre los diferentes discursos que convivían dentro de la misma candidatura, etc. Hay que esperar a las encuestas post-electorales para calibrar la influencia de estos factores en los resultados del 26J. Pero de lo que quiero hablar es de una certeza: a pesar de no alcanzar las expectativas, el resultado es histórico para una fuerza política, Podemos, que no existía hace dos años.

Los resultados del 26J corroboran que este ciclo electoral deja un mapa, cuatro comicios electorales después, de un Partido Popular que ha perdido cerca de 20 puntos respecto a las generales de 2011 (2011: 53'3% de votos, 2016: 35'49%), de un espacio político de cambio que ha recibido el 25% de los votos de los valencianos y valencianas y de un Partido Socialista que respira aliviado con los últimos resultados, no porque sean buenos, sino porque no han sido dramáticos (2011: 26'71%, 2016: 20'81%).

La candidatura que ha congregado (que no sumado, todo sea dicho) a Podemos, Compromís y EUPV ha sido la segunda fuerza electoral de la Comunitat Valenciana. Pero eso no es una novedad del 26J. El 26J sólo ha confirmado que existe un deseo de una parte importante de valencianos y valencianas por cambiar la sociedad en la que viven, un deseo con potencial para convertirse en hegemónico. Pero, a la vez, ha confirmado que esa mayoría es heterogénea y, seguramente, que la hegemonía y la construcción de un movimiento popular capaz de ganar esta comunidad no puede construirse como un collage de colores, símbolos, banderas y etiquetas. Tenemos que hacer el ejercicio de vertebrar una nueva identidad valenciana democrática y popular, que entienda a nuestro pueblo y sus aspiraciones.

En esa tarea de profundizar y ampliar el espacio político de cambio, de construir una nueva mayoría y de ganar, Podemos tiene que jugar un papel fundamental, también en la Comunitat Valenciana. Tenemos que catalizar la construcción de esa nueva mayoría a partir del sentido común que ya se está abriendo paso, aunque a un ritmo más lento del que desearíamos. Y para lograrlo, es fundamental hablarles a los que faltan, seguir construyendo un movimiento popular vertebrado territorialmente y seguir el camino hacia la federalización de Podemos, en la línea de una España plurinacional.

En los próximos días, semanas y meses será clave analizar con detalle qué ha fallado este 26 de junio para no haber alcanzado las expectativas. Pero en Podemos hay una tarea más relevante: abordar el futuro y pensar, debatir y discutir la mejor forma de profundizar y ampliar la base del cambio, la mejor forma de continuar ilusionando a más gente. Será fundamental mostrar capacidad de gestión desde los gobiernos del cambio para desterrar el discurso del miedo. Y, en paralelo, ampliar nuestra capacidad de interpelación de esa nueva identidad valenciana que llegue a ser mayoritaria, basándonos en los consensos que ya mostró el 15M en todo el estado y, en clave territorial, la Primavera Valenciana, evitando divisiones simbólicas del pasado. El proceso de cambio es irreversible, aunque no vaya tan rápido como querríamos. Y para lograrlo es necesario mirar al futuro y que el pasado sea el espejo retrovisor al que miremos para corregir el rumbo.

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