06 de julio de 2016
06.07.2016

Filosofía

06.07.2016 | 04:15
Filosofía

Recientemente se ha publicado un artículo de firma colectiva, encabezado por Fernando Savater y José Luis Pardo „y otro en este diario firmado por José Luis Villacañas„ a propósito de un proyecto del actual rectorado de la Universidad Complutense para suprimir Filosofía como facultad independiente. Es decir, un plan para seguir acosando y destruyendo la presencia de la filosofía en nuestros planes de estudios, en nuestra sociedad.

Este nuevo desmán, que esperamos no llegue a realizarse, no es algo aislado, se ajusta perfectamente al amplio rediseño de la universidad pública para plegarse a los mandatos de un modelo neoliberal que sólo considera justificadas las enseñanzas que le son útiles, con independencia, por supuesto, de si sirven para construir una sociedad mejor o peor. Así, la universidad pública „y por supuesto la privada, pero ahí se entiende más„, va progresivamente primando las titulaciones que pide el mercado, aquellas vinculadas a las inmediatas necesidades de la economía y la técnica aplicadas, y va marginando la ciencia básica, la filosofía y las humanidades en general. Las grandes corporaciones, los técnicos en emprendimiento y la política neoconservadora que anima todo ello, no están especialmente interesados en el conocimiento amplio o en la capacidad crítica de los titulados, sino en una formación hiperespecializada que resulte fácil de aplicar sin mayores visiones de conjunto.
Se trata, al fin, de eliminar el fundamento creador y humanista de la techné griega, aquella que unía en un mismo sujeto al artista, al técnico y, a partir del renacimiento, también al científico. Continuar uniformando y reduciendo la complejidad del conocimiento a la mera rentabilidad y empleabilidad, renunciando finalmente al objetivo de una formación integral de los ciudadanos. Pero viendo cómo va el mundo, cuáles son las consecuencias de aplicar un neoliberalismo económico sin más contrapeso moral, comprobando las consecuencias del progreso de la tecnología sin el reequilibrio de la ética, no parece que degradar la filosofía sea algo que realmente nos interese. Cosecharemos mayor economía sin control, más técnica sin límites, si carecemos de la ponderación de un pensamiento independiente que busca el sentido y la verdad.

Una facultad que construyó sus cimientos gracias a filósofos como Miguel de Unamuno o José Ortega y Gasset no merece esta afrenta. Es como si la Universidad Politécnica de Valencia decidiera suprimir Bellas Artes por no llegar a los ratios de empleabilidad „es solo un suponer ficticio„ de ADE o de Industriales. Sorolla y Pinazo se revolverían en sus tumbas. Ceñir la evolución de la universidad pública a los mandatos de un mercado que, por cierto, nos está llevando al desastre socioeconómico y ecológico, es abdicar del genuino papel de motor del conocimiento y de la sociedad que debe asumir, al que nunca debe renunciar.

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