11 de julio de 2016
11.07.2016

Pisar la calle

El resultado electoral es una oportunidad para corregir los errores. Hoy no se puede avanzar en los cambios sin tener en cuenta el apoyo y la crítica de las organizaciones sociales

11.07.2016 | 04:15
Pisar la calle

Pisar la calle y ver la realidad sin los filtros de la adulación, que intentan cercar y aislar a los representantes políticos elegidos para gestionar alguna parcela de poder en las instituciones, y sin los filtros de la autocomplacencia, que surge en las personas cuando el entorno con el que tienen que relacionarse cada día les reconoce, intencionadamente, que pueden decidir sobre asuntos públicos que afectan a las personas de la colectividad. Ésta debería ser, sin duda, una de las conclusiones que los gobiernos locales del cambio, ayuntamientos y diputaciones, y los gobiernos de las autonomías deberían sacar del análisis de los resultados electorales del pasado 26 junio.

Dejarse llevar por la autocomplacencia de haber conseguido el gobierno (no olvidar que en la actualidad conseguir el gobierno no es conseguir el poder real de decisión) y por la adulación, que, frecuentemente, persigue domesticar los impulsos de cambio para que nada cambie, tiene la consecuencia de que poco a poco los representantes políticos se van alejando de sus electores, se van olvidando de los compromisos con sus electores. Y al final se acaba gobernando no para la mayoría, no para una sociedad más igualitaria, sino para los de siempre, que son la minoría que se enriquece, incluso en situaciones de crisis como la actual, a costa del empobrecimiento de mayoría y de la destrucción del estado de bienestar.

El análisis de los resultados electorales del pasado 26 de junio de 2016, convenientemente condicionado por las poderosas y diversas fuerzas del establishment, que generalmente no se presenta a las elecciones, contrario a cualquier cambio, da para mucho, incluso para inducir a aceptar haber perdido frente unas encuestas infladas, quién sabe si intencionadamente desde la famosa encuesta del CIS, y a no valorar la realidad actual del considerable avance de las fuerzas del cambio en un periodo de dos años. Nunca antes, desde las elecciones del 15 de junio de 1977, las fuerzas a la izquierda del PSOE, que el 26 de junio obtuvieron 71 diputados, habían pasado de 23 escaños. En cambio, quienes en los últimos dos años, o cuatro años según el período de comparación, han perdido gran parte de su electorado parece que han ganado y ya han neutralizado el impulso del cambio surgido del 15M. Los resultados reales de hoy, comparados con resultados reales de anteriores elecciones y no con las encuestas infladas, no avalan la conclusión de la neutralización del impulso surgido del 15M.

Los resultados electorales, con un potente grupo de oposición con 71 diputados, son una sólida base para continuar agrupando fuerzas para liderar los cambios de política económica, social, medioambiental, etcétera, que España necesita. Siempre, por supuesto, que la actividad de oposición no sea acomodaticia y sí proponga, sí vea, sí escuche y sí denuncie cada día las actuaciones del nuevo gobierno. El Gobierno que salga de la actual composición del Congreso difícilmente va hacer la política necesaria para combatir la creciente desigualdad.

Es cierto que se ha frenado el crecimiento electoral del cambio y que el resultado exige el análisis de los datos para detectar los verdaderos errores, que los ha habido y muchos, para corregirlos y para no volver a tropezar en la misma piedra. En mi opinión, el freno al avance electoral no se deriva de la unidad de las diferentes fuerzas que han confluido en Unidos Podemos. Ninguna fuerza da más miedo que las otras a los poderes establecidos, pues lo que le da miedo al establishment es el cambio, por lo que pienso que el futuro está en avanzar manteniendo la unidad y la identidad de las fuerzas que han formado la coalición para cambiar la política desarrollada por el gobierno del PP. Retroceder en la unidad, y más con la actual ley electoral, cuyo objetivo es el bipartidismo, lo más probable es que lleve al fracaso de las fuerzas del cambio.
Pero sí hay que corregir errores, sí hay que dar la respuesta adecuada a la pregunta de si lo hemos hecho bien, por qué no nos han votado. De una parte, porque hay poderosas fuerzas que han utilizado y utilizarán todos sus medios, que son muchos y diversos, contra el cambio. Todo vale, incluso la utilización de los medios del Estado. Y esto hay que verlo y no olvidarlo ni ante las campañas del desprestigio, ni ante la adulación. No se ha sabido ver y no se ha podido evitar que los votos que han huido del miedo al fuego se hayan refugiado en la casa del pirómano. Pero también porque no todo se ha hecho bien. El resultado electoral es una oportunidad para corregir los errores. Hoy no se puede avanzar en los cambios sin tener en cuenta el apoyo y la crítica de las organizaciones sociales. Hay que pisar la calle, evitar competir con los movimientos sociales, sindicales, ciudadanos, etcétera, para desautorizarlos y neutralizarlos. Eso ya fue un error en los años 80 en el que no se debe volver a caer. No confundir la información institucional con la publicidad. La participación es otra cosa. Publicidad vacía ya la hacía el PP, no hay que repetirla.

Si los gobiernos locales del cambio y el autonómico analizan su año de gobierno, sin los filtros de la adulación y la autocomplacencia, seguro que encontrarán muchas decisiones tomadas y muchas indecisiones para corregir. Solo así se podrá combatir el dicho, profundamente conservador, negativo y desilusionante de que «todos son iguales». Y es que no hay que ser igual que los de antes, hay que cambiar las formas de gobernar para desarraigar el «todos son iguales» que justifica el voto conservador.

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