13 de julio de 2016
13.07.2016

Molestadores, por definición

La participación ciudadana ha sido, es y será para controlar y cooperar en la gestión de los servicios y la realización de las actividades, para hacer posible la creatividad social

13.07.2016 | 04:15
Molestadores, por definición

El movimiento asociativo vecinal surge en los años sesenta, al amparo de la Ley de Asociaciones de 1964, donde se reconocía «la libertad de asociación para fines lícitos y determinados». Los movimientos vecinales se localizan espacialmente en los barrios naturales de las ciudades y desarrollaron una intensa acción política reivindicativa durante los últimos años del régimen franquista y la transición democrática. Las entidades vecinales plantearon incluso que la Constitución incluyera a las asociaciones de vecinos. Sin embargo, Rodolfo Martín Villa, entonces ministro del interior, comprobó los peligros que para el régimen podía suponer el movimiento vecinal. El reconocimiento de las asociaciones de vecinos en la Constitución no hubiera significado otra cosa que tener derecho a exenciones fiscales y subvenciones del Estado. Hasta ahí se podría llegar. Había que cortocircuitar la incipiente democracia participativa.

En la actualidad, el movimiento vecinal se encuentra bastante desarrollado a pesar de haber disminuido la intensidad que tuvo durante los últimos años del siglo XX y se ha incrementado con el crecimiento de asociaciones de carácter sectorial produciéndose, a su vez, un cierto desencanto en la ciudadanía para participar en cuestiones de política local, bien por el desarrollo de la sociedad de bienestar y la consolidación del sistema democrático, bien por la ejecución de políticas de remodelación urbana, de dotación de equipamientos colectivos y de descentralización administrativa. Esto no supone la regresión del movimiento asociativo, sino la reestructuración de las organizaciones ciudadanas con nuevas y distintas orientaciones respecto a las de las asociaciones vecinales.

La participación ciudadana ha sido, es y será para controlar y cooperar en la gestión de los servicios y la realización de las actividades, para hacer posible la creatividad social. Es un derecho de la ciudadanía, que nada más ejercerá si hay información, si hay una fuerte iniciativa pública capaz de producir beneficios sociales individualizables y si tienen posibilidad de participar efectivamente en la toma de decisión y en la ejecución de actividades que les interesa directamente.

Hay dos tendencias en la actuación de los municipios; quien dice buscar la forma de hacer efectiva la participación, de facilitar la intervención de la ciudadanía y de las asociaciones en la gestión municipal, de ayudar a las asociaciones para que tengan los medios adecuados para poder hacer su tarea conservando su autonomía? y los del bando contrario, que abundan más. Tras casi cuatro décadas de cultura participativa en los entes locales, ya que en los ámbitos autonómicos y estatales ha sido más bien escasa, el modelo participativo es muy desigual, con un mapa local consolidado en grandes poblaciones; en otras, en cambio, es escasamente participativo. Las políticas de participación virtuales no van a lograr consolidar espacios estables donde se impulsen acciones políticas que logren reorientar el nuevo movimiento vecinal.
La memoria de unas luchas, la experiencia de mucha gente y la conciencia colectiva pueden provocar cambios y conseguir cosas si hay un esfuerzo común. Renovarnos, rejuvenecernos, aprovechar el capital humano y la experiencia a lo largo de los años, aprender a relacionarnos en red con otras realidades. Y continuar molestando, porque si algún sentido tiene el movimiento asociativo es continuar ejerciendo de conciencia crítica de la sociedad.

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