18 de julio de 2016
18.07.2016

Bueno y bonito

18.07.2016 | 04:15
Bueno y bonito

Si te dicen que te hablarán de ética y política, tú piensas inmediatamente en lo que es bueno y bonito, o sea, en lo que debe hacerse (porque el bien es un fin apetecible) y cómo. Pues bien, el otro día le leí a Luis Lozano, secretario general de FesSP-UGT, un artículo en estas páginas censurando las malas prácticas (clientelismo, enchufismo...) en las contrataciones de sanidad, titulado justamente así: «La ética y la estética». Le saco, para comentar, un trozo de contexto (siempre nos quedará, como cortesía argumentativa, el contexto). Decía así: «La UGT abandonó el llamado listín de contratación de la Consellería de Sanidad hace años, porque no queríamos con nuestra presencia legitimar esas prácticas que en muchos casos no tenían nada que envidiar a la "mafia calabresa". Otros sindicatos no hicieron lo mismo que nosotros». ¡La hostia, Luis! ¿Nos estás proponiendo esa decisión de la UGT como un ejemplo de «lo ético y lo estético»? Como aquello era una mierda, ¿decidió la UGT no ensuciarse las manos? Me parece una decisión barata, pero no buena ni bonita. Los sindicatos son instituciones, no individuos: en un individuo, renunciar, abandonar, no participar, puede ser una conducta moralmente adecuada, incluso heroica y meritoria; en una institución y en un contexto político democrático, en un Estado de derecho, abandonar y no ensuciarse las manos no es ni ético, ni estético ni político (en el sentido positivo de los términos). Si los sindicatos no sirven para oponerse y evitar las situaciones que denuncia en su artículo, ¿para qué sirven? Parece que volvemos a los tiempos heroicos: al sacrificio personal del espontáneo perjudicado que se lanza al ruedo. Uno creía, sin embargo y entre otras cosas, que las instituciones surgieron (y se justificaban) para que los individuos no se vieran obligados al heroísmo en la defensa de lo que es justo.

La responsabilidad va ligada a la madurez (o viceversa). Parece, sin embargo, que nadie asume responsabilidades: se trata de un ejercicio de infantilismo preocupante. Hace nada fue el miedo, la ignorancia, la credulidad de la gente lo que justificaba la pérdida de apoyo en unas elecciones o el sorprendente resultado de un referéndum: la responsabilidad era de los otros, no propia. (Por cierto, ¿alguna vez la gente será/seremos sabia, valiente e incrédula? ¿No será esa una variable que no varía?). Ahora, en la formación del nuevo gobierno, observamos como el supuesto protagonista se pide un papel secundario, trasladando el peso de la responsabilidad a segundos y terceros: el problema, sin embargo, no es que los otros apoyen o no al PP, sino lo que el PP propone a cambio para que le apoyen. La responsabilidad por unas terceras elecciones será de todos, incluyendo a la gente, que votó lo que le dio la gana. Nos atendremos a las consecuencias.

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