24 de julio de 2016
24.07.2016

Corredor a ninguna parte

24.07.2016 | 04:15
Corredor a ninguna parte

Es patética la avidez en las reivindicaciones por el Corredor Mediterráneo „ferroviario, en este caso„ a cargo de las fuerzas vivas de la Comunitat Valenciana. El afán de Federico Félix en su Pro-AVE se solapa con la pérdida de influencia de las fuerzas políticas con raíz valenciana a partir del desastre del 26J. Los tres partidos que sustentan el Consell de la Generalitat han salido malparados. El Partido Popular, el más votado, está desarbolado en el País Valenciano y desacreditado en el conjunto de los suyos en España. Tres expresidentes de la Generalitat „Eduardo Zaplana, José Luis Olivas y Francisco Camps„ en entredicho, y el cuarto „Alberto Fabra„ con oscuros nubarrones sobre su cabeza en causas como la de Valmor. Tres expresidentes de diputaciones en Alicante, Castelló y Valencia, del PP y procesados por furtamantes. Por cuyas peripecias Carlos Fabra ya ha visitado la prisión y el resto „Alfonso Rus y José Joaquín Ripoll„ están en la antesala con bastantes probabilidades de ir a parar entre rejas. Rita Barberá premiada con un escaño bochornoso en el Senado. Parte del electorado vota a los que roban por temor a que la alternativa que vislumbran se lleve por delante el new deal valenciano, líder en índices de pobreza y en desempleo desaforado. Nuestros jóvenes, los mejor formados de todos los tiempos, tienen la expectativa de un paro sine die con opción a emigrar por vida. Estamos en un territorio donde haber frecuentado presidio, lejos de suponer afrenta ética, es motivo de recompensa y de aval para ejercer asesoramiento en las instituciones.

En los partidos del espectro de la izquierda y emergentes, los resultados en las últimas elecciones alertan a Compromís, que ha fiado su personalidad e imagen a la locomotora de Podemos, sin éxito ni autocrítica. Los mismos diputados, menos votos y erosionados para la próxima contienda. Es hora de rectificar. El PSPV, con seis diputados, que en un intento desesperado hizo amago de desmarcarse del PSOE, ha cosechado tan exiguo rédito que no le permite medir sus fuerzas con Pedro Sánchez ni equipararse a la avalancha andaluza de Susana Díaz. Si Ximo Puig mira al avispero catalán tampoco los envites de Miquel Iceta y su PSC gozan de mejor augurio que las fuerzas golpistas de Turquía. Catalunya no está de moda. Las brigadas quintacolumnistas de Jorge Fernández Díaz han conseguido desmembrarla, a pesar del esfuerzo realizado por La Caixa e Isidre Fainé al alimentar, desde los intereses españolistas-catalanes, el papel de Ciudadanos, como alternativa a Mariano Rajoy y a la podredumbre que anida en la sede del PP en Génova. Resulta exótica la postura empecinada de Joan Tardà y Esquerra Republicana de Catalunya, mientas Oriol Junqueras revuelve en los archivos vaticanos para reconducir el proceso soberanista que hace aguas. De momento, los catalanes controlan, como nunca, las cúpulas empresariales. José Luis Bonet (Freixenet) preside la Cámara de España „sede del club de la Competencia y del Ibex 35„, marca insustancial e inapropiada para la cúpula de las 86 incombustibles Cámaras de Comercio. Juan Rosell preside la CEOE con lengua de trapo y atrevimiento para esgrimir inconveniencias. Los nuestros no tocan bola y el lobby Conexus es un bluf.

Estos movimientos incluyen el abatimiento de las pretensiones de Podemos y las contradicciones en el PSOE „a cargo de Fernández Vara, Felipe González o Alfonso Guerra„ tal como se ve en la constitución de la Mesa del Congreso y se rematará con la mayoría absoluta del PP en el Senado. Los valencianos no tenemos nada que hacer, ni un mal Corredor del Mediterráneo que celebrar, después de 40 años de desgañitarnos y perder el tiempo. Tras el espejismo de Compromís con Joan Baldoví y su bicicleta, seguiremos siendo correa de transmisión en la política española. Ni ministros amnésicos ni grupo parlamentario valenciano „reclamado en un brindis al sol de Mónica Oltra„, que no permitieron los colegas de Podemos antes ni quieren PP y PSOE, zigzagueantes por la senda del bipartidismo. Malos tiempos y hora aciaga para un país en crisis.

La nombrada fórmula a la valenciana, impulsada por Joan Baldoví-Compromís, de enero a junio, ha quedado sepultada en el fracaso de Podemos+IU que muerde el polvo a manos de PP y Ciudadanos, asistidos por nacionalistas y con la complacencia del socialismo carpetovetónico. También sufren para levantar cabeza los reductos nacionalistas de la derecha sociológica „PNV, Convergència, ERC de Junqueras. Por lo que respecta al País Valenciano, queda por dilucidar si subsiste un rebrote de nacionalismo o valencianismo más allá de Lo Rat Penat y la pretenciosa Real Academia de Cultura Valenciana. Lo de siempre. Sin partidos de obediencia valenciana, de cualquier signo, que defiendan a ultranza los intereses de los valencianos, no vamos a ninguna parte. Los españolistas hasta ahora, no han hecho nada diferente que arramblar con todo para quedárselo o ponerlo al servicio de los déspotas que nos ningunean. Por un cargo o por un plato de lentejas.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine