25 de julio de 2016
25.07.2016

Del Retrato de Dorian Gray al photoshop

25.07.2016 | 19:47

El verano y la elevada temperatura incitan a quitarse ropa y por ende a la exhibición corporal sin cortapisas. Ello trae a colación enigmáticas leyendas, truculentas historias y variopintas noticias de seres humanos absorbidos por la ingrata necesidad de mostrarse perfectos corporalmente. Inmemorial es pactar metafísicamente para mantener pujante la belleza a través del tiempo; actualmente lo abstracto y mágico deja paso a lo quirúrgico en crónicas intervenciones para el usuario. Dorian Gray, personaje central de la novela editada en 1891, salta de la obra escrita por el irlandés de ancestros celtas Oscar Wilde, mimetizándose con las circunstancias propias del siglo XXI hasta magnificar el mensaje hedonista que presenta. Milllares de víctimas que se metamorfosean en pos de satisfacción individual o reconocida, pactando a fin de conseguir la eterna juventud haciendo girar contracorriente la ruleta del tiempo.
Tratamientos traumáticos tanto en lo orgánico como en lo monetario potencian atractivos físicos singulares a la par que encumbran al cenit de la fama a doctores que esgrimen el conocimiento preciso y que entre sus cartera de clientes cuentan con nombres de ringo rango en "la veneración apasionada de la belleza". Labios, pómulos, pechos, nalgas, narices, ojos, brazos, vientres, genitales; el cuerpo entero al servicio del bisturí, las inyecciones y los más sofisticados adelantos. Dorian Gray apasionó con su juventud y hermosura a la enrevesada sociedad inglesa de aquellos tiempos, un núcleo social restringido adicto a los cánones prerrafaelistas imperantes. "Figuras pálidas, cabellos castaños, mejillas chupadas, mandíbula afilada, labio superior prominente, largos cuellos de cisne, pechos rasos, manos finas". Bótox, rellenos, liposucción son aplicaciones de un notorio listado de servicios en función de mantener vigente lo que por naturaleza se transforma. Para la moda es factor importante y así se destaca en estudios publicados, la distinción. Queremos distinguirnos del resto; hay que hacerse notar o, mejor aún, causar admiración, protagonizar el espectáculo y para ello consumamos lo que sea preciso aunque quebremos de forma furibunda lo irreversible.

"Té y bellezas era lo que ofrecía como atracción a los invitados a sus reuniones" el esteta Oscar Wilde. Tal premisa se consolida actualmente en eventos diversos donde los nombres se clasifican y ordenan por categorías: preferentes, precisos para el relumbrón y meramente de relleno colorista. Citas donde rostros que lucían lozanos y figuras que antaño chispeaban se han manipulado a fin de disimular que "se amojaman o se ajamonan" incitando al pacto a lo Dorian Gray y sobrevivir en lo que es su primordial fuente de ingresos. "Hoy día la gente tiene miedo de sí misma. Conoce el precio de todas las cosas y el valor de nada"; aseveraba el encarcelado y denigrado escritor. En la beautiful people española, como en todo sistema comercial, existen cabezas visibles imprescindibles que mueven el engranaje, para tales personas lo de Dorian Gray le va que ni de perillas y utilizan su cuerpo como masa de flubber al igual que otras facetas de su existencia. "Isabel Preysler, en el verano de 1991, declaraba en la revista Interviu que Miguel Boyer era el último y definitivo amor de su vida" ("Miguel Boyer, el hombre que sabía demasiado" –Jose Luis Gutiérrez-). Cualquier sarao que se precie tiene en nómina a tales beldades sintéticas para energizar locales, comercializar productos o multiplicar audiencias.

Garcilaso de la Vega se refirió a la necesidad de distinguirse los unos de los otros; pero el totemismo estético deshace familias y destroza vidas. Dorian Gray, al final de la narración, desea encararse con su verdadera naturaleza y descansar. En esta terrible historia el guaperas incombustible contó con el ineludible padrino –manager- que le incentivó: Lord Henry, alguien notable que fogosamente apremió al efebo ante la tentación esgrimiendo para ello palabrería evanescente. Lord Henry regaló sus atormentados oídos con mensajes de poder. El siempre envidiado poder basado en el atractivo, el sex-appeal capaz de nublar conciencias y arrastrar a cualquiera en un tránsito vertiginoso por la espiral de la insensatez. En España, de unos años a esta parte, se han multiplicado los y las Dorian Gray; ni por asomo muestran encanto, más bien al contrario puesto que se presentan como ridículos integrantes del circo de las momias en las redes sociales y medios audiovisuales; por lo que bien se podría argumentar que "El retrato de Dorian Gray"; obra de múltiples paráfrasis, ha mutado en analogía para sujetos caricaturescos que optan por el photoshop en carne viva.

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