30 de julio de 2016
30.07.2016

El gobierno que viene

30.07.2016 | 04:15

Hace unos meses, en estas mismas páginas de Levante-EMV, cuestionaba si sería posible otra España que abordara definitivamente el problema de las nacionalidades. Hoy, tras la repetición de las recientes elecciones generales y ante la previsible formación de Gobierno, nos encontramos, de nuevo, ante la cuestión pendiente de articular una forma de convivencia que dé satisfacción a lo que el presidente Azaña advertía, ya en 1911, al hablar del problema español: «Que los españoles estén a gusto dentro de su Estado». Es decir, con adopción de medidas que consideren la realidad económica, social y nacional española y, hoy, sean capaces de analizar la vía unilateral hacia la independencia abierta por el Parlament de Catalunya, buscando fórmulas de acuerdo.

Para ello, será necesario que aquellos que estén en el Gobierno „incluso quienes no lo estén„ abandonen una concepción uniforme del Estado y consideren que éste debe adaptar sus normas jurídicas, empezando por las constitucionales, a la realidad de los diferentes territorios de España y hacerlo de una manera armónica para lo cual hace falta buena dosis de responsabilidad y pedagogía. Por poner un ejemplo reciente, resulta curioso que, recién disputada la Eurocopa, en España apenas nadie se sorprenda de que figuraran diferentes selecciones de fútbol procedentes del Reino Unido, así, Irlanda del Norte, Gales e Inglaterra „como sucede en la Copa de las Seis Naciones de rugby„ mientras aquí llame la atención la sola existencia de selecciones de Euskadi o Catalunya. Por supuesto, allí también hay tensiones entre territorios y Estado, pero fueron resueltas democráticamente con el consabido referéndum en el caso de Escocia, y, en otro orden de cosas, aunque cueste aceptarlo, con el de la salida de la Unión Europea.

Por ello, en nuestro caso, para una primera aproximación al problema puede resultar oportuno recordar la Oda a España, de Joan Maragall „«Escucha España, la voz de un hijo que te habla en lengua no castellana»„ para mejor comprender la realidad española escuchando la voz de quienes se sienten diferentes con el fin de lograr un acuerdo entre los partidos con representación parlamentaria en los términos que por las partes resulten aceptables. Aquí, desde hace siglos, venimos arrastrando una concepción uniforme de la realidad española que hoy, pese al Estado de las autonomías, no alcanza suficiente reconocimiento de la diversidad. Y ahí está la raíz del problema. En la necesidad de aceptar al otro tal cual es. Pues cuando uno no conoce, y no reconoce a los demás en su identidad, es cuando el problema no tiene solución. Y sólo mediante el reconocimiento de la diferencia, es como se puede alcanzar la solución, entendiendo la libre voluntad de permanecer unidos como el factor esencial de la convivencia.

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