02 de agosto de 2016
02.08.2016

Tobas

02.08.2016 | 04:15
Tobas

Este fin de semana he visitado el Parque Natural del Monasterio de Piedra, ubicado en Nuévalos, provincia de Zaragoza. En el ramal castellano de la Cordillera Ibérica, este paraje, labrado por el río que le da nombre, es un auténtico milagro natural. El agua es la gran protagonista al esculpir el relieve, erosionando las calizas jurásicas y cretácicas para crear el cañón donde se ubican monasterio y parque. Pero al mismo tiempo, se realiza una actividad constructora, al precipitar el carbonato cálcico disuelto en el agua y formar las tobas. Viseras aéreas, cascadas pétreas y cuevas con techumbres de mocárabes naturales embellecen este paraíso cárstico.

No faltan vinculaciones de este entorno con el clima, más allá de las evidentes como la lluvia o la temperatura.

De las tobas se pueden obtener datos de carbono y oxígeno, ambos elementos presentes en el carbonato cálcico (CaCO3). Un elemento químico tiene el mismo número de electrones que de protones. Además tenemos los isótopos, formas específicas de un mismo elemento, los cuales tienen el mismo número de protones pero diferente cantidad de electrones. La relación entre los isótopos del oxígeno por un lado y de los de carbono por el otro nos aporta indicios de las variaciones estacionales y anuales de las temperaturas.

Los edificios tobáceos se desarrollan especialmente en períodos cálidos y en el Monasterio de Piedra y alrededores se remontan a unos 341.000 años. El período más activo tuvo lugar entre 255.000 y 148.000 antes del presente, y abarcan un interglacial y una fase glacial, lo que podría indicar que las condiciones locales fueron más benignas que a nivel global.

Las tobas más recientes son las ubicadas en fondos de valle y cascadas del río Piedra y se datan entre 2680 y 760 antes del presente.

montone@his.uji.es Gráficas en twitter @UJIGEO1004

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine