03 de agosto de 2016
03.08.2016

Un agosto de negociaciones misteriosas

03.08.2016 | 04:15
Un agosto de negociaciones misteriosas

Cuesta entender lo que está pasando, quizá porque no esté pasando nada. O tal vez porque no es descartable que pueda pasar cualquier cosa, desde una investidura por sorpresa de Mariano Rajoy antes de finales de agosto hasta la posibilidad de que Pedro Sánchez, si el presidente no se mueve o fracasa, pueda internar su investidura con Podemos esta vez en la abstención. Hay indicios de que eso sería posible habida cuenta que su posición dinamitera contra un posible gobierno de centroizquierda le costó cara en las urnas a Pablo Iglesias el 26 de junio. Así que, saber, saber, nadie sabe nada con certeza, ni siquiera si hay negociaciones de alto nivel que puedan desencadenar un desenlace de esta crisis insólita y cada vez más inaceptable para una opinión pública harta de presenciar fracasos y decepciones. 

Cuando la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría asegura que Rajoy sí está negociando ahora pero a su manera, se sorprenden hasta en su partido, en el que nadie sabe nada. El otro día, antes de acudir a Zarzuela, Rajoy reunió a la dirección del PP, les preguntó qué pensaban sobre lo que debía hacer, tomó notas y apenas habló. 

Lo único cierto es lo que vimos, que Rajoy no pudo decirle al rey que no aceptaba el encargo para evitar que pasara la bola a otro y se inventó esa fórmula de que «lo voy a intentar», lo que significa que está ganando tiempo, quizás para que se produzca el milagro de que Ciudadanos o el PSOE, o los dos, cambien su posición y decidan apoyarlo directa o indirectamente. Es una ruleta rusa entre tres políticos en la que al menos uno puede salir muy malparado porque a Albert Rivera lo votan los que están hartos de Rajoy y a Sánchez los que entienden que puede articular su alternativa. Y pagarían un alto precio si ayudan a que se perpetúe en su presidencia, aunque también él podría ser la víctima de este proceso. 

Interesa mucho interpretar las frases que destila el entorno de Rajoy, frases como éstas: «el presidente utiliza todas las válvulas de presión para lograr apoyos», o «Rajoy está dispuesto a apretar todas las tuercas». ¿Qué querrá decir eso, además de que abandona el «modo reposo» que le atribuye Felipe González? Pues quizás que, en interpretación de un alto directivo televisivo, «los bancos presionan al límite a Albert Rivera para que ceda y pase del no al sí a Rajoy». También Artur Mas se encastilló inamovible y en el último minuto, «alguien de la sociedad civil» según el propio Más „y todos pensaron en los poderes de la Caixa y del Sabadell, entre otros„ le hizo comprender que debía echarse a un lado y ceder paso. Pero ¿quién le dice eso a Rajoy en Madrid haciéndole entender que si dejara paso a otro de su partido con un programa de regeneración Rivera lo apoyaría y quizás Sánchez pasaría a la abstención? «Aquí en Madrid la política no tiene propietario económico, como en Cataluña», afirma un alto cargo de uno de los grandes bancos. O quizás es que no se atrevan a presionar a Rajoy, al que temen por si les responde con un decreto. ¿Y sí se atreven a presionar a Rivera? ¿Y a Sánchez, vía notables de su partido? 

Mientras se especula sobre todo eso, el Gobierno está estancado y la población cada vez más indignada. Hay varios manifiestos en preparación exigiendo un gobierno urgente y, si no son capaces, que dejen paso a otros. Un grupo de exministros y numerosos intelectuales firman uno. Sociedad Civil por el Debate propone otro con el título Gobierno sólido ya o relevo de políticos, y el expresidente de una multinacional francesa en España es más expeditivo: busca apoyos para un gobierno de independientes con solvencia y pone como ejemplos a los exministros Josep Borrell y Josep Piqué, uno de cada lado y catalanes ambos. Eso sería, además, un plus en estas circunstancias en las que rebrota la secesión promovida por la antigua Convergència y la CUP interpretando que la inexistencia de gobierno en Madrid, o su precariedad, supone una oportunidad excepcional. Agosto llega cargado de negociaciones misteriosas. Atención.

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