06 de agosto de 2016
06.08.2016

¿Eventos?

06.08.2016 | 04:15
¿Eventos?

Ojalá no nos contagiemos de aquella vieja política de los eventos que vendía la imagen de una ciudad deslumbrante pero hueca, ajena a su ciudadanía, que aparecía en las revistas con luces de neón y miserias escondidas en la trastienda, mintiendo sobre la realidad, enmascarando el paisaje, enriqueciendo a algunos y despilfarrando monedas de oro como si fueran suyas. Estamos hartos de ser la ciudad de las ocurrencias durante décadas. No son eventos lo que necesitamos, sino el compromiso definitivo con las gentes, con los barrios, con la convivencia y la calidad de vida.

No conozco los grandes acontecimientos que se han producido en Vitoria, por poner un ejemplo, pero sé que la calidad de vida allí, en sus calles y en sus plazas, en sus jardines y sus itinerarios, se ha multiplicado por mil después de años de convicciones. Vitoria, como Hamburgo, Estocolmo, Copenhage, Curitiva, Nantes, Oslo, Bogotá y un largo etcétera son ciudades que han reaccionado sin eventos efímeros, sin espectáculos del más allá, simplemente volviendo la mirada hacia la ciudadanía, discutiendo, estudiando, cohesionando, poniendo en primer plano lo colectivo, invirtiendo con sentido común, compartiendo con la gente un proyecto colectivo de ciudad.

No tuvieron circuitos de Fórmula 1, no se celebró la Copa del América, ni siquiera les visitó el papa. Nada de eso ocurrió, pero sus habitantes son más felices. Y se divierten, no crean. Mientras en Bilbao apostaban por la recuperación de la ría y su entorno, nosotros hacíamos castillos de naipes que nos han llevado a la ruina. Eso sí, mantenemos a barrios marginados, sin inversión y acosados por los problemas de cada día.
No se me ocurre mejor evento que un Cabanyal a salvo y rehabilitado, que un tratamiento efectivo de la movilidad, que la defensa real de las playas del sur y el límite radical del puerto, es decir, un litoral público y nuestro. No se me ocurre mejor espectáculo que explicar al mundo que somos capaces de recuperar y proteger la huerta, de promocionar el espacio público, de hilvanar los jardines y parques, de defender el patrimonio. Y eso no es eventual, es permanente; ese es el impulso que necesita la ciudad para estar de verdad al servicio de una ciudadanía comprometida y expectante.

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