16 de agosto de 2016
16.08.2016

En Marea y Podemos

16.08.2016 | 04:15
En Marea y Podemos

En Marea ha ganado. Enric Juliana lo dice con más poesía, citando a Castelao y una larga historia. Pero en resumen el asunto es ese. La portavoz de Podemos Galicia lo reconocía: hemos cedido nosotros. Síntoma del momento actual de Podemos, la pregunta adecuada es si esa cesión genera una lógica o si es un caso puntual. La respuesta no ofrece dudas: tras la evolución de Podemos en el País Vasco, y por lo que sabemos de la evolución catalana y del intento de Colau de avanzar en su partido, la lógica de la periferia se impone. Por mucho que no sepamos muy bien cómo evolucionará Podemos en Valencia, no debemos ignorar dos cosas: el perfil político bajo de Montiel y la buena relación de la gente de Errejón con los líderes de Compromís. Así que es de suponer que también aquí se presionará a favor de acuerdos bajo una mayor visibilidad de los líderes locales.

La pregunta es si esos líderes locales, que proceden en buena medida de los nacionalismos periféricos, impondrán esa ideología como hegemónica, o más bien la moderarán en favor de una más inclusiva, como consecuencia de la entrada de hombres y mujeres de Podemos en las listas. Una lectura que dé por sentado que con las gentes de Podemos se sumarán votos al nacionalismo y de este modo se le permitirá superar sus límites históricos, puede ser precipitada. Pues, por lo general, las gentes de Podemos reconocen importantes aspectos de las reivindicaciones nacionalistas periféricas, pero no comparten la agenda nacionalista en su totalidad clásica. Aquí la poesía de Juliana parece excesiva. En su opinión, Podemos nació en Galicia y En Marea sería lo originario. ¿Por qué no reconocer que aquello se trató de algo más general? Hasta ahora, el nacionalismo periférico ha jugado a la contra de las hegemonías centrales. Pero el recorrido de este juego es corto. Los pactos como el gallego darán votos, pero solo si se matiza el discurso exclusivista de nacionalismo en favor de una idea positiva de Estado, algo que a veces los partidos nacionalistas sustituyen por la idea más sencilla de la pura erosión del Estado. Este es el asunto que se esconde detrás del exceso de poesía de Juliana.

Pero si la estrategia de Luis Villares, el líder de En Marea, sigue por la vieja línea política de Beiras, nadie debería estar seguro de aportar los votos de Podemos a su molino. Así que yo narraría la historia de manera diferente a Juliana. No se trata de la victoria del pasado. Con ese relato no se ganará la voluntad de los votantes ni de los dirigentes gallegos de Podemos, que han nacido para alumbrar un futuro nuevo, no para recomponer los platos rotos de una vieja generación obstinada en sus ilusiones „la de Arzalluz, la de Beiras y la de Maragall, por no citar al fusterismo valenciano„ que ha llevado la situación al callejón sin salida que vemos en Cataluña. En este sentido, se debería aprender del ejemplo catalán, que fue la inspiración y la secreta esperanza de aquella generación. Pues el crecimiento de En Comú se debe a que desafía justamente el formato clásico del nacionalismo, tanto el de Esquerra como el pujolismo, y está dispuesto a plantear soluciones de Estado. Juliana cuenta la historia del pacto gallego como si, mutatis mutandi, los votos que Podemos incorpora a Ada Colau, en el fondo se fueran con alguien como Junqueras. Y eso lo considero miope.

No ver que tanto En Marea como Ada Colau se asientan en planteamientos diferentes al nacionalismo de la generación anterior, es un serio obstáculo para extraer de esos acuerdos toda su potencialidad política. En Marea y Podemos, juntos, deben caminar hacia una formación semejante a la que en las últimas elecciones autonómicas dio tan buenos resultados en Cataluña a En Comú/Podem y en las generales mantuvo esos votos para Iglesias. Se tratará en todo caso de superar el actual Estado autonómico, desde luego, sobre todo en una descentralización económica urgente, y de dotarse de estructuras que rompan la actual afinidad electiva entre capitalismo de grandes corporaciones y Gobierno central. Para esta forma de pensar, moderna, pragmática, política, apenas sirven las intensas construcciones ideológicas que hasta ahora han inspirado al nacionalismo. La evolución de Compromís, en este sentido, es muy interesante, porque sin perder aspectos identitarios, culturales e históricos, inevitables y necesarios, ha diseñado propuestas razonables generales y logrado solidaridades por todo el territorio español que van más allá de las referencias que concentraban las expectativas tradicionales.

Cuando tras las elecciones del 26 de junio Podemos dijo que entraba en una época lenta, creo que en cierto modo anunciaba líneas políticas cercanas a las que ahora describo: reorientar las cuestiones políticas hacia las comunidades y asentar en ellas su organización y su electorado. Si hay elecciones antes de fin de año en Cataluña, tendremos ocasión de confirmar si esta estrategia es la adecuada. Pues si en estas tres nacionalidades las fuerzas coaligadas con Podemos obtienen la mayoría o gobiernan, es evidente que la política española general se verá afectada. Pues lo que se ha comprobado hasta ahora es que las fuerzas nacionalistas tradicionales, por diferentes razones, ya no están en condiciones de intervenir de forma constructiva en la política estatal. Esto es lo que permite aseverar algo que nadie se atreve a decir con claridad, pero que considero evidente: que no hay cifras para un posible gobierno de izquierdas, porque las fuerzas nacionalistas tradicionales no pactan ni suman, por diversos motivos, con nadie. Por eso carece de sentido la invitación del PSOE a que Rajoy pacte con PNV o PDC, como tampoco lo tiene pensar que sumarían sus fuerzas a un pacto entre Podemos-PSOE.
En este sentido, el silencio de Podemos respecto del gobierno central es completamente diferente del silencio del PSOE. El primero es la consecuencia de percibir una divergencia obvia en la política española: el escenario central está bloqueado para las fuerzas del cambio, mientras que se abre de forma intensa en las tres nacionalidades más importantes del Estado. Es lógico que Podemos se centre en estos escenarios y se retire de una partida central para la que no tiene cartas. Sin embargo, el silencio del PSOE es sintomático. Pues se debate entre la interpretación del próximo gobierno como uno normal o como uno excepcional. Puesto que lo que va a intentar tanto C´s como el PP es una reforma tímida del sistema constitucional español, el PSOE debería entrar en una operación coherente con lo que ha hecho en los últimos 40 años. Pero puesto que eso colocaría al PSOE en una posición subalterna quizá definitiva, es lógico que le cueste aceptarla. Sin embargo, resulta evidente que no entrar en esa operación no mejorará su destino a corto y medio plazo. Así las cosas, el silencio del PSOE es propio de quien está en un dilema trágico porque ninguna de las salidas es airosa. Sin embargo, que Podemos esté en condiciones de tener cartas en una partida futura de formación de gobierno central dependerá de que no se imponga algo que en la vieja y convencional poesía nacionalista está muy presente. Pues si lo que se ha formado en Galicia con el acuerdo de En Marea-Podemos es un «partido soberano» (como Juliana describe esta operación), entonces Podemos no tendrá jamás ninguna oportunidad en un gobierno central. Por ello, mi conclusión es muy antipoética. O se forja una nueva forma de relación política entre un partido estatal y los partidos afines de las nacionalidades, o no habrá sino silencio cuando se trate de formar un gobierno central. Y entonces, que el PSOE se mantenga en esta situación trágica no significará sino una hegemonía indefinida de las derechas centrales.

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