27 de agosto de 2016
27.08.2016

¡A Belén, pastores!

27.08.2016 | 04:15

Ya conocemos día y hora para la primera y, si es necesario, para la segunda votación de la investidura de Rajoy. Por tanto, también nos es dado conocer que, según el mandato constitucional, si el candidato no pasa el examen y en dos meses no hay nuevas, y cuajadas, intentonas, se disolverán las Cortes y volveremos a las urnas. ¿Qué día? Como saben ya todos ustedes, el 25 de diciembre, Navidad. Ni a Julio Verne, ni a los autores modernos de ciencia ficción, ni a los dadaístas más recalcitrantes, ni a los surrealistas más imaginativos, ni a los sudamericanos del realismo mágico se les habría ocurrido algo semejante. Pues, oiga, ha sucedido en España y sin darnos un pijo de importancia, como si fuera lo más normal del mundo. 

De modo que si Rajoy no sale investido en las sesiones del 31 de agosto y el 2 de septiembre, no quiere repetir y no hay más aspirantes, las próximas Nochebuenas van a ser de órdago a la grande, todo un espectáculo. 
„ Venga, a la cama, que mañana hay que madrugar para ir a votar y no quiero a nadie con resaca, dirá el patriarca familiar al poco de sacar la bandeja con los dulces navideños. 

„ De eso nada, abre otra botella que estamos en jornada de reflexión y se piensa mejor con burbujas que sin burbujas, clamarán a coro hijos, hijas, yernos, nueras, nietos, nietas, hermanos, hermanas, sobrinos, sobrinas y demás parentela. 
Será en lo único en que se pongan de acuerdo esa noche tan entrañable. A partir de ahí y con vino, cava, chupitos y demás licores rodando por la mesa, las escenas pueden ser memorables. Si en las Nochebuenas tradicionales, la convivencia entre cuñados se parece a las guerras de los Balcanes, imagínense el ambiente en vísperas de unos comicios generales. Al principio, silencio y esfuerzos por evitar el tema. Hoy de política no se habla, que estamos en Navidad y todos juntos, en familia. Vale. Pero a medida que transcurre la cena y llegan, bien regados, el besugo, el pavo, el cabrito o el cordero, los comensales se van transformando en lo que devoran. Y a uno le parece que el otro es un besugo; este cree que el de más allá es un cabrito; el tercero no se atreve a llamar borrego (pero lo piensa) al que considera un corderito sin personalidad ni agallas, y así sucesivamente.

Eso es lo que nos espera si nuestros próceres no se ponen de acuerdo de aquí a unas pocas semanas. Puede ser una Navidad gloriosa con media España echándole la culpa a la otra media de tener que ir a votar con el turrón en la boca y el estómago pidiendo clemencia. ¿Responde este supuesto tan kafkiano a alguna estrategia predeterminada por ese mago del manejo de los tiempos llamado Mariano Rajoy? No lo creo. El presidente del PP está tan preocupado por España, tan inmerso en su trascendencia histórica que es imposible que haya maquinado calendario tan maquiavélico. Solo mentes muy calenturientas pueden pensar que don Mariano ha diseñado tamaña maniobra florentina para cargar sobre los hombros de Pedro Sánchez la responsabilidad de tener que ir a votar un 25 de diciembre. 

Descartadas estas hipótesis, solo nos resta pensar que han sido los malvados socialistas, con Satanás a la cabeza, los que quieren estropearnos las Navidades. Como son laicos, ateos, agnósticos y cosas así... Estos rojos, aunque ahora estén bastante descafeinados, son incorregibles. Y a los que les toque la lotería, ¿qué? Y a mí que me cuentan, comentará Rajoy tras reunirse con la presidenta del Congreso, conocida ya como Mari Ana Pastor, o mejor dicho, Mariana Pastor. ¡Qué tremendas discrepancias entre ambos! ¿Cómo habrán podido ponerse de acuerdo en fechas, horas? 

Lo dicho: que si todo no sale como algunos han previsto, el 25 de diciembre el lema electoral será: «¡A Belén, pastores!».

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