30 de agosto de 2016
30.08.2016

Amén

30.08.2016 | 04:15
Amén

Le han abierto expediente a un sacerdote de Onda por bendecir el matrimonio de dos mujeres en una ceremonia celebrada después de su boda civil en el ayuntamiento. José García, el cura, se justificaba diciendo que se bendice a las personas porque todos somos hijos de Dios. El obispado de Segorbe-Castellón, grito en el cielo, está revisando esta actuación que tiene toda la pinta de terminar como el rosario de la aurora. Incluso, y a pesar de que el propio párroco ha pedido perdón y ha jurado que no quería ocasionar ningún escándalo, han exhortado al papa para que revise qué medidas se toman contra él.

El caso es que el párroco es un ejemplo en el pueblo. Su trabajo a favor de los más desfavorecidos, sus esfuerzos por fomentar la convivencia entre vecinos, el apoyo a los menores y la inserción laboral de personas en riesgo de exclusión social han sido señas de identidad de este religioso. Realmente, es un hombre de fe. El gesto de bendecir a dos personas, creyentes, que se aman yo creo que es un paso necesario para una institución que ha de mostrarse más cercana a la sociedad real. Nadie monta un lío por bendecir animales o vehículos, ahí que lo dejo.

Si esta iglesia bendijera todos los besos como muestras de amor y no realizara desagravios culpando a las personas por entender que se quieren mal, si se apoyara a todo aquel refugiado que busca cobijo y amparo -siguiendo el ejemplo de esa Mare dels Desamparats que abre sus manos a todos- y no se dudara de si es trigo limpio, si se alzara la voz en un púlpito para dar casa al pobre y no fuera la propia parroquia, como la Santa María del Mar, al juzgado a pedir desahucios, si nos dieran ejemplo de igualdad y no enseñaran que el camino es la esclavitud de las mujeres, si las palabras de concilio fueran el pan nuestro de cada día y no resucitaran bestias que nunca han existido como los dragones, quizá, les diríamos amén.

Lamentablemente, celebrar que dos personas estén felices, se amen y quieran contarlo al mundo (un hecho que a mi me parece un milagro) le ha costado un expediente, un exhorto a Roma y medidas disciplinarias aún por determinar a un sacerdote de pueblo que, en mi opinión, merece cada día tener la parroquia llena y a sus feligreses orgullosos.

Mientras le llega o no al cura su castigo ingresaré en la cofradía del clavo ardiendo, a ver si hay suerte y le dan ese perdón cristiano que tantos defienden de boquilla. Todos somos hijos de Dios, decía este párroco... excepto los que dice luego la iglesia que no lo somos. P.D. Mis felicitaciones a las recién casadas.

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